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	<title>Cosas en General &#187; escrito</title>
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	<description>El blog personal de Juan Aguarón de Blas</description>
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		<title>&#8220;Espejismo&#8221;, de Hugh Howey</title>
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		<pubDate>Thu, 05 Sep 2013 23:39:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Aguarón de Blas]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Con los ojos cansados y los dedos torpes por la falta de sueño, os voy a hablar brevemente de la razón por la que he pasado esta noche prácticamente en vela: Espejismo, una novela de ciencia ficción que publicará Minotauro en octubre de este año, y que ha sido el último superventas autopublicado de Amazon.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<div style="width: 376px" class="wp-caption aligncenter"><br />
<img class=" " title="Espejismo" src="http://2.bp.blogspot.com/-w7SD-vLtnQc/Udv4JX-VmVI/AAAAAAAAerc/1-QSsK9jKAE/s1600/EspejismoWool.jpg" alt="Espejismo, portada" width="366" height="588" /><p class="wp-caption-text">&quot;Lana&quot;, si la traducción fuera fiel</p></div>
<p style="text-align: justify;">Con los ojos cansados y los dedos torpes por la falta de sueño, os voy a hablar brevemente de la razón por la que he pasado esta noche prácticamente en vela: <em style="font-size: 13px;">Espejismo</em><span style="font-size: 13px;">, una novela de ciencia ficción que publicará Minotauro en octubre de este año, y que ha sido el último superventas autopublicado de Amazon.<br />
La que he leído ha sido una <em>edición no venal</em>, término que desconocía hasta que los de Librería París me pidieron que les diera mi opinión del libro antes de que saliese a la venta. Tengo que reconocer que, al ser una edición &#8220;de pruebas&#8221; el diseño de la portada no me llamó demasiado la atención, y pospuse tontamente su lectura unas semanas. Lo cual es la confirmación perfecta de que nunca hay que juzgar un libro por su portada: sin ninguna duda, éste se trata de uno de los mejores libros de ciencia ficción que he leído en la vida, y pronto pasará a ser un clásico, en palabras de la revista <em>Wired</em>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Espejismo</em> narra la historia de los últimos supervivientes de la Tierra tras algún tipo de desastre que ha dejado el planeta inhabitable, obligándoles a vivir en un silo, una profunda estructura subterránea en la que conviven miles de personas. La acción se sitúa siglos después de dicho suceso, en un entorno de rígidas normas y un control social que recuerda en ciertos momentos a <em>1984</em>, de Orwell. Según creo recordar, el telón de fondo de la historia también comparte algún aspecto con <em>Bóvedas de acero</em>, de Asimov, pero no es en absoluto el mismo tipo de narración.</p>
<p style="text-align: justify;">Los personajes, definidos con maestría, transmiten a la perfección su forma de ser y sus pensamientos, siendo todos testigos de una importante evolución de su personalidad. Nada parece dejado al azar, y pequeños fallos que a veces encontramos en otras historias del género y perdonamos seguidamente con cierta complacencia por haberlos encontrado brillan por su ausencia en <em>Espejismo</em>, al menos en una primera lectura. Que ha sido voraz, además: ayer por la tarde lo comenzaba, y hace unas horas lo he terminado con hambre de más. Porque en todo momento Howes mantiene un cabo sin atar, un enigma a punto de ser resuelto que hace que no puedas dejar el libro sin pensar cuándo podrás retomarlo o qué sorpresa aguardará al cabo de unas pocas páginas. Porque en lo que a vueltas de tuerca se refiere, la novela está repleta de ellas: ya desde las primeras páginas no he dejado de sorprenderme, o de mantenerme en tensión por saber cosas que desconocían los personajes que finalmente han acabado no siendo lo que parecían.</p>
<p style="text-align: justify;">Sin duda, una lectura muy recomendable no sólo para el lector de ciencia ficción, sino para cualquiera que no sepa qué leer y quiera pasar un buen rato con una novela repleta de sobresaltos y que invita a su lectura.</p>
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		<title>Viaje a USA (I)</title>
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		<pubDate>Thu, 16 Aug 2012 13:20:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Aguarón de Blas]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Hace cuatro años fui por primera vez a Estados Unidos, visitando únicamente Washington y Nueva York. Dos años más tarde mis padres me apuntaron a un curso de inglés en Chicago, gracias al cual conocí a los Fischer, una familia que me invitó a pasar unas semanas con ellos al verano siguiente. Con esta trayectoria [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_2022" style="width: 310px" class="wp-caption aligncenter"><a href="http://juan.aguarondeblas.es/wp-content/uploads/2012/08/IMG_0059.jpg"><img class="size-medium wp-image-2022" title="IMG_0059" src="http://juan.aguarondeblas.es/wp-content/uploads/2012/08/IMG_0059-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a><p class="wp-caption-text">El equipo al completo.</p></div>
<p>Hace cuatro años fui por primera vez a Estados Unidos, visitando únicamente Washington y Nueva York. Dos años más tarde mis padres me apuntaron a un curso de inglés en Chicago, gracias al cual conocí a los Fischer, una familia que me invitó a pasar unas semanas con ellos al verano siguiente. Con esta trayectoria de viajes al Nuevo Mundo no sabía si mi padre estaba hablando en serio cuando me propuso volver para hacer un recorrido en coche que nos llevaría a las principales ciudades de la Costa Este, además de a numerosos pueblos y lugares que ni siquiera pensé que pudieran existir. Y yo dije que sí.</p>
<p>Ya llevaba unos meses gestándose en mi casa un viaje a Estados Unidos, pero tan sólo atañía a mi hermano: llevaba un tiempo ilusionado con un campamento de baloncesto en Filadelfia al que se había apuntado junto con tres amigos más. Como  el transporte corría de cuenta de los jugadores la excusa de acompañarlos hasta allí para que no se perdiesen ni tuviesen problemas por el camino era perfecta para escaparnos unos días de España. Así que a mediados de mayo compramos un gran mapa de carreteras de Norteamérica y a lo largo de casi dos meses nos pusimos a clavar chinchetas en él marcando los sitios que pretendíamos visitar. Poco a poco fueron pasando los exámenes de final de curso, los de Selectividad, el de conducir, diversos campamentos… hasta que quedaron apenas unos pocos días para nuestra partida. Con el itinerario que íbamos a seguir todavía muy poco claro (¿metíamos St. Louis? ¿Bajábamos hasta Memphis? ¿Valía la pena cruzar la frontera canadiense?) llegó la última noche que íbamos a pasar en nuestra patria por un tiempo. Y digo <em>pasar</em> y no <em>dormir</em> porque algunos nos acostamos tan tarde y nos levantamos tan temprano que casi no pudimos más que tumbarnos un rato en la cama.</p>
<h3>14 de julio, de madrugada</h3>
<p>Y con la modorra propia de a quien despiertan antes de que se quede dormido me vi en la estación de autobuses de Delicias con dos maletas y rodeado de mi familia, los tres compañeros de mi hermano y sus respectivos padres y madres. En España dejábamos a mi madre, quien se quedaba a guardar la casa durante nuestra ausencia. Lo que siguió es fácil de imaginar: besos y abrazos de despedida, un trayecto de cuatro horas hasta Madrid que se me hizo muy corto acaso por haber parpadeado solamente una vez en todo el camino, y nuestra llegada a primera hora al aeropuerto. Allí esperamos hasta que abrieron la puerta de embarque, que cruzamos poco después para acabar sentados y con el cinturón abrochado en el avión de <em>American Airlines</em> que nos llevaría al otro lado del océano. Ya no había vuelta atrás, a partir de ese momento los relojes llevaban seis horas de retraso y nuestro idioma oficial era el inglés. Lo cual no deja de ser un recurso estilístico, claro: allí hablando español te las puedes apañar perfectamente; siempre habrá un latinoamericano cerca que te saque del apuro.</p>
<div id="attachment_2016" style="width: 310px" class="wp-caption aligncenter"><a href="http://juan.aguarondeblas.es/wp-content/uploads/2012/08/IMG_0009.jpg"><img class="size-medium wp-image-2016" title="IMG_0009" src="http://juan.aguarondeblas.es/wp-content/uploads/2012/08/IMG_0009-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a><p class="wp-caption-text">El sector juvenil de la expedición...</p></div>
<p>Poco hay que decir del vuelo. Como en todos, comenzaron a confundir a nuestros estómagos dándoles a horas imprevistas comidas que no esperan. Pero tal vez a causa de esto, de estar entretenidos, en un momento estuvimos en el JFK, el aeropuerto de Nueva York. Allí cogimos un tren –<em>Airtrain- </em>que unía las terminales de dicho aeropuerto; y un metro que nos llevó a Pennsylvania Station (<em>Penny Station</em> para los amigos), estación en la que debíamos coger un tren con el que llegaríamos a Filadelfia, nuestro primer destino. Por desgracia los billetes de última hora eran excesivamente caros, por lo que tuvimos que retrasar el trayecto un par de horas. Horas que aprovechamos para que los compañeros de canasta de mi hermano (Juan Carlos, Carlos y Rodrigo) viesen por primera vez la ciudad, aunque regresamos pronto a la estación por lo incómodo que era caminar con todo el equipaje a cuestas. Finalmente nos encontramos sentados en el espacioso vagón del <em>Amtrak</em>, un tren que no sé si me gustó más por sus amplitudes o por el wifi abierto disponible en todos los asientos. Hora y media más tarde llegábamos a <em>Philly</em>, como la llaman los lugareños. Un paseo hasta el hotel, la recogida de las llaves en recepción, y por fin pudimos tumbarnos en condiciones por primera vez en unas cuantas horas. ¡Lo habíamos hecho, habíamos logrado cruzar tierra, mar e imaginarias líneas fronterizas hasta llegar a Filadelfia, primera meta de nuestro viaje!</p>
<h3>14 de julio, por la tarde</h3>
<div id="attachment_2012" style="width: 310px" class="wp-caption aligncenter"><a href="http://juan.aguarondeblas.es/wp-content/uploads/2012/08/backup_hoz-087.jpg"><img class="size-medium wp-image-2012" title="backup_hoz 087" src="http://juan.aguarondeblas.es/wp-content/uploads/2012/08/backup_hoz-087-300x224.jpg" alt="" width="300" height="224" /></a><p class="wp-caption-text">Esto ni el pan de lembas, oiga.</p></div>
<p>Tras deshacer las maletas (aunque no demasiado; este viaje no se ha caracterizado por el sedentarismo) y reposar un poco salimos a explorar la ciudad. Íbamos con intención de hacernos una foto con la estatua de Rocky que hay a los pies de la escalinata del Museo de Arte, ésa que Stallone sube a horas intempestivas entrenándose para su combate. Lamentablemente nos enteramos de que caía muy lejos, y lo dejamos para el día siguiente. Pasando a otro tipo de intereses propios de la hora (tal vez algo más gastronómicos, pero igualmente culturales) nos pusimos en busca de un sitio en el que tomar un <em> Philly’s Cheesteak</em>, un popular a la par que grasiento bocadillo típico del lugar. Una buena dosis de tiras de carne salpicadas de cebolla y zanahoria<em> </em>y cubiertas de queso fundido en un pan algo más blando que al que estamos acostumbrados los españoles. Cena nutritiva donde las haya, desde luego. Además, no hubo problema en hacer pasar los mordiscos pues recordamos que, al igual que en muchos otros lugares del país, rellenar el vaso una vez lo has comprado es gratis –<em>free refills-. </em>Con mucha fuerza de voluntad algunos logramos terminar el bocadillo, haciendo nuestro regreso al hotel considerablemente más lento que la ida.</p>
<h3>15 de julio, por la mañana</h3>
<p>Nos despertamos con calma, desayunamos las galletas y los zumos que habíamos comprado la tarde anterior en un 7-Eleven, y salimos a buena hora a la calle. Después de una breve parada en el <strong>Reading Terminal Market</strong>, del que luego hablaré, nos dirigimos hacia <strong>Chinatown</strong>, el barrio chino de la ciudad. No es comparable al de Nueva York, mucho más comercial. Éste es realmente un barrio de chinos, con sus tiendas y mercados todavía libres de la muchedumbre de turistas que provocan lentamente que los comercios de toda la vida acaben convertidos en una sucesión sin fin de tiendas de recuerdos. Tras merodear un poco y sentir que nos encontrábamos en otro país (a menudo éramos los únicos caucásicos a la vista) entramos en una tiendecilla a comprar algunos útiles de aseo que habíamos preferido no llevar en la maleta (a nadie le gustan toda su ropa empapada de champú, ¿verdad?).</p>
<div id="attachment_2017" style="width: 235px" class="wp-caption aligncenter"><a href="http://juan.aguarondeblas.es/wp-content/uploads/2012/08/IMG_0069.jpg"><img class="size-medium wp-image-2017" title="IMG_0069" src="http://juan.aguarondeblas.es/wp-content/uploads/2012/08/IMG_0069-225x300.jpg" alt="" width="225" height="300" /></a><p class="wp-caption-text">No comments.</p></div>
<p>Una vez nos hubimos hecho con todo nos dirigimos hacia el <strong>Independence Mall</strong>, que comprendía un conjunto de edificios importantes en la historia estadounidense: allí se firmó la Declaración de Independencia, y es donde se conserva hoy en día la <strong>Liberty Bell</strong>, una campana símbolo de la independencia americana. Campana que, creo recordar, aparecía en “La Búsqueda”. La zona era bastante interesante, pero como había demasiadas filas y los peques iban justos de tiempo tuvimos que saltarnos algunas cosas. Así que cogimos un autobús y fuimos al <strong>Philadelphia Museum of Art</strong>, para ver las míticas escaleras de Rocky. Esta vez nos salimos con la nuestra, y pudimos hacernos unas cuantas fotos en medio de otras muchas personas que tampoco habían ido allí precisamente por el arte. A continuación volvimos al hotel para que los mi hermano y sus amigos cogiesen sus maletas, ya que mi padre se los tenía que llevar al campamento, que empezaba aquella misma tarde. Tras una pequeña parada técnica en <strong>Potbelly’s</strong>, una de mis cadenas favoritas de bocadillos del país (¿quién puede negarse a un saludable bocata de albóndigas?),  nuestros caminos se separaron. Mientras mi progenitor iba con el resto a recoger el coche de alquiler, servidor se encaminaba hacia el hotel, donde pensaba descansar unos minutos antes de irse un rato a explorar por su cuenta. Al fin y al cabo, cualquier estómago necesita reposo después de un buen <em>meatball sandwich</em>.</p>
<h3>15 de julio, por la tarde</h3>
<div id="attachment_2014" style="width: 310px" class="wp-caption aligncenter"><a href="http://juan.aguarondeblas.es/wp-content/uploads/2012/08/backup_hoz-106.jpg"><img class="size-medium wp-image-2014" title="backup_hoz 106" src="http://juan.aguarondeblas.es/wp-content/uploads/2012/08/backup_hoz-106-300x224.jpg" alt="" width="300" height="224" /></a><p class="wp-caption-text">Por cierto, no había dependiente.</p></div>
<p>En cuanto me hube repuesto salí provisto de cámara y cartera, las armas del turista moderno, hacia el <strong>Reading Terminal Market</strong>. Por la mañana había visto una pequeña librería de viejo que todavía se encontraba cerrada, y esperaba encontrarla abierta esta vez. Un pequeño local, armario más bien por su tamaño, en el que se amontonaban cientos de extraños libros en estantes cuya estabilidad peligraba. Tenía su sección de magia negra y oscurantismo; como digo, un sitio realmente peculiar. A punto estuve de hacerme con esta edición de “Zaragoza” de Pérez Galdós, pero como la cosa tenía más de capricho que de utilidad me contuve. Ya habría tiempo de dilapidar el dinero más adelante. Después de un pequeño rodeo que di para volver a visitar Chinatown, esta vez con menos prisa, orienté mis pasos hacia lo que viene siendo el “casco histórico”: las calles aledañas al <strong>National Mall</strong> que comentaba antes. Paseé un rato por el <strong>Christ Church Burial Ground</strong>, un bonito cementerio en el que se encontraba enterrado Benjamin Franklin, y paré un momento a comprar un botellín de agua a causa del calor. Para alguien de interior como yo, acostumbrado a veranos secos, el calor húmedo y sofocante de Estados Unidos es algo agotador. Allí no hace tanto calor como en España, pero por lo que nos dijeron unos valencianos que encontramos en Nueva York, la humedad americana es mucho más extrema que la que tenemos aquí. Así que ya sabéis: si pensáis cruzar el charco en verano, ¡acordaos de llevar siempre una cantimplora encima!</p>
<div id="attachment_2018" style="width: 235px" class="wp-caption aligncenter"><a href="http://juan.aguarondeblas.es/wp-content/uploads/2012/08/IMG_0078.jpg"><img class="size-medium wp-image-2018" title="IMG_0078" src="http://juan.aguarondeblas.es/wp-content/uploads/2012/08/IMG_0078-225x300.jpg" alt="" width="225" height="300" /></a><p class="wp-caption-text">La calle seguía entre la arboleda, llevando a un pequeño patio muy majo!</p></div>
<p>Paseando por la zona acabé topándome por accidente con la calle más antigua de Estados Unidos, <strong>Elfreth’s Alley</strong>. Una agradable hilera de casitas de comienzos del S. XVIII de la que es fácil pasar de largo si no la estás buscando. Poco después me llamó mi padre, que se encontraba por la zona habiendo dejado ya a los pequeños en el campamento. Como él llevaba intención de ver el callejón aparcó por la zona y dimos una vuelta, encontrando una peculiar tienda de antigüedades en la que pasamos un buen rato revolviendo periódicos antiguos y máquinas que, de haber vivido allí, me habría llevado conmigo. Acabamos con unos cuantos periódicos de mediados del S. XIX y un especial dedicado a la Segunda Guerra Mundial de 1943, una pequeña joya que pronto tendremos enmarcada en casa. Como aún queríamos pasar por el <strong>The Franklin Institute Science Museum</strong> cogimos el coche y fuimos para allá. Por desgracia nos habíamos entretenido tanto con los periódicos y el museo era tan grande que nos vimos incapaces de aprovechar la visita en condiciones, así que nada más entrar en el imponente hall del edificio decidimos dejarlo para el día siguiente, si teníamos ocasión.</p>
<div id="attachment_2015" style="width: 310px" class="wp-caption aligncenter"><a href="http://juan.aguarondeblas.es/wp-content/uploads/2012/08/backup_hoz-128.jpg"><img class="size-medium wp-image-2015" title="backup_hoz 128" src="http://juan.aguarondeblas.es/wp-content/uploads/2012/08/backup_hoz-128-300x218.jpg" alt="" width="300" height="218" /></a><p class="wp-caption-text">Las autoridades sanitarias recomiendan tomar uno de estos al día, es bueno para la circulación.</p></div>
<p>Cansados y hambrientos regresamos al hotel para cambiarnos, ya que habíamos reservado mesa en un peculiar restaurante de Filadelfia, el <strong>City Tavern</strong>. En cuanto entramos en el local vimos que era cierto lo que habíamos leído sobre el sitio: imitaba la estética de los siglos XVII-XVIII con camareros y doncellas vestidos de época y muebles que aparentaban haber vivido unos cuantos años más que yo. El menú también era de la época colonial: antiguos platos que el chef (quien tiene un popular programa de televisión sobre comidas de antaño, “A Taste of History”) ha rescatado del olvido. Con tanta decoración y ‘espectáculo’ esperábamos que las raciones fuesen modestas; un plato innecesariamente grande para una cantidad justa de comida. Pero nada más lejos de la realidad: en cuanto trajeron mi plato (<em>porkchop</em> con puré de patatas y una especie de chucrut) se me abrieron los ojos como platos y me quedé paralizado ante semejante montaña de hidratos de carbono. La elección de mi padre tampoco era para menos: una pantagruélica sartén repleta de pasta, trozos de ternera y verduras. También pedimos una sencilla ensalada, pero pasó desapercibida. Digno de mención era el pan, que no cobraban a pesar de estar horneado allí mismo: la cestita que nos pusieron tenía dos tipos de panes “salados” y unos pequeños mendrugos de un delicioso pan dulce de piñones que nos encantó. Hora y pico más tarde, incapaces de terminar con semejante festín, pedimos algo avergonzados a la simpática camarera que nos metiese las sobras en una bolsa. Para que os hagáis una idea de la magnitud de los platos, los restos de esa cena fueron mi desayuno y la comida de mi padre y mía del día siguiente.</p>
<div id="attachment_2019" style="width: 235px" class="wp-caption aligncenter"><a href="http://juan.aguarondeblas.es/wp-content/uploads/2012/08/IMG_0093.jpg"><img class="size-medium wp-image-2019" title="IMG_0093" src="http://juan.aguarondeblas.es/wp-content/uploads/2012/08/IMG_0093-225x300.jpg" alt="" width="225" height="300" /></a><p class="wp-caption-text">Mi padre, aunque no salga, estaba igual.</p></div>
<p>Tras el opíparo banquete regresamos al hotel sin mayor incidente que una enorme tromba de agua que nos pilló desprevenidos, <span style="text-decoration: line-through;">ahorrándome la ducha que pensaba darme al llegar a la habitación</span>.</p>
<h3>16 de julio, por la mañana</h3>
<div id="attachment_2013" style="width: 310px" class="wp-caption aligncenter"><a href="http://juan.aguarondeblas.es/wp-content/uploads/2012/08/backup_hoz-099.jpg"><img class="size-medium wp-image-2013" title="backup_hoz 099" src="http://juan.aguarondeblas.es/wp-content/uploads/2012/08/backup_hoz-099-300x199.jpg" alt="" width="300" height="199" /></a><p class="wp-caption-text">Lo de la izquierda es un templo masónico!</p></div>
<p>Nos levantamos temprano, sentando lo que sería la norma de los siguientes días. Hicimos las maletas, las metimos en el coche y nos fuimos a dar una última vuelta por Filadelfia. Comenzamos deambulando por el <strong>City Hall</strong>, ayuntamiento de la ciudad. De estilo francés (a mí me recordó a la Estación de Canfranc) y con un enorme torreón algo desproporcionado para mi gusto dominaba Penn Square. Como curiosidad, fue el edificio más alto del mundo de 1901 a 1908. A continuación volvimos sobre nuestros pasos para visitar la <strong>Free Library of Philadelphia</strong>. Allí confirmamos definitivamente que los americanos tienen predilección por los edificios imponentes de corte clásico: las amplias salas de la biblioteca daban cabida a miles de volúmenes, y la gran escalinata central imponía silencio sin necesidad de cartel alguno. En el piso superior había una exposición sobre Dickens que contaba con numerosas primeras ediciones y cuadernos de notas del autor. Después de echar un vistazo a diversas reliquias decidimos que ya era hora de partir, por lo que nos montamos en el coche y abandonamos Philadelphia rumbo a Washington, nuestro siguiente destino.</p>
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		<title>&#8220;Es que eso no puedo explicároslo&#8221;</title>
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		<pubDate>Tue, 05 Jun 2012 21:13:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Aguarón de Blas]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[A una semana de la temida Selectividad todo alumno de 2º de Bachillerato que quiera dejar de serlo se empieza a poner nervioso ante la perspectiva de un buen concentrado de exámenes en apenas tres días. Y claro, como en todas las asignaturas entra todo el temario, toca repasar las tres evaluaciones. Lo cual es [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_1991" style="width: 350px" class="wp-caption aligncenter"><a href="http://juan.aguarondeblas.es/wp-content/uploads/2012/06/integralmente_muerta.jpg"><img class="size-full wp-image-1991" title="integralmente_muerta" src="http://juan.aguarondeblas.es/wp-content/uploads/2012/06/integralmente_muerta.jpg" alt="" width="340" height="244" /></a><p class="wp-caption-text">No se integró en la sociedad.</p></div>
<p>A una semana de la temida Selectividad todo alumno de 2º de Bachillerato que quiera dejar de serlo se empieza a poner nervioso ante la perspectiva de un buen concentrado de exámenes en apenas tres días. Y claro, como en todas las asignaturas entra todo el temario, toca repasar las tres evaluaciones. Lo cual es bastante pesado, pero en algunos casos te da <strong>una visión más general de la asignatura</strong>.</p>
<p>Hoy, sin ir más lejos, estábamos haciendo en clase de Física unos ejercicios de gravitación, lo típico para preparar el examen, cuando no sé cómo ha surgido el tema de que si las órbitas que describen los cuerpos celestes son elípticas no era lógico que en los problemas supusiésemos que son circulares. Ante eso, el profesor nos ha dicho que, efectivamente, se trata de una elipse, pero que el cálculo de esas trayectorias <strong>se eliminó del temario hace tiempo</strong>. Una ligera decepción para los que realmente teníamos curiosidad, pero nos ha comentado brevemente el tema y nos hemos quedado satisfechos. Sin embargo, un poco más tarde hemos pasado a la cuestión de los campos eléctricos y, como desde hace unos días ya sabemos integrar, hemos acabado hablando del Teorema de Gauss, que hace unos meses nos saltamos porque, por un lado, aún no sabíamos qué era una integral, y por otro, porque de nuevo es algo que no está en los planes de estudio. Y ni con esas, porque las herramientas matemáticas que son necesarias para trabajar con ese teorema <strong>ni siquiera aparecen mencionadas en el temario de 2º</strong>.</p>
<p>Contemplar cómo el nivel de asignaturas tan importantes para los futuros científicos o ingenieros como la Física y las Matemáticas no hace más que bajar es desolador. Y si al menos estuviesen ambos niveles compensados, pues no se notaría tanto la diferencia. Pero es que ya desde el curso pasado he necesitado conocimientos sobre cálculo diferencial e integral para poder comprender correctamente ciertos temas, y es bastante inconsecuente que esto se vea en un curso superior cuando hace poco más de 20 años se daba en 3º de BUP (el 1º de Bachillerato actual).</p>
<p>Quiero creer que la formación perdida durante los años de Educación Secundaria se acaba recuperando en la Universidad, pero personalmente preferiría que el puente por el que cruzo el Ebro estuviese diseñado por alguien que tenga una base técnica lo suficientemente sólida. Aunque si la respuesta <strong>oficial</strong> ante cualquier pregunta que se aleje del temario es &#8220;<em>Es que eso no puedo explicároslo&#8221;</em>, no sé yo si en unos años no haría mejor construyendo mi propia barca cuando quiera llegar a la otra orilla.</p>
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		<title>Recordando</title>
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		<pubDate>Sun, 08 Apr 2012 23:06:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Aguarón de Blas]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Hoy he escrito dos correos de en torno al medio millar de palabras cada uno. Vivir rodeados de restricciones de 140 caracteres y teclados táctiles nos ha hecho olvidar lo mucho que se puede transmitir en un email.</p>
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		<title>Eureka</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Mar 2012 22:21:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Aguarón de Blas]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Suele aparecer por algo curioso que dijo alguien, una idea peculiar escrita en un libro o una repentina nueva forma de ver cierto tema. Pero su nacimiento siempre va seguido de un <em>clic.</em> En efecto, hablo de una idea. De cualquier idea, de hecho. Al menos en mi caso.</p>
<p>Hasta donde llega mi memoria, siempre he querido ser inventor. Salvo un breve periodo en el que me apeteció ser mercenario (producto sin duda de haber leído un álbum de Mortadelo y Filemón), toda mi vida he querido emular a genios como Da Vinci o Tesla. Sin duda, la saga de Artemis Fowl y mi siempre creciente colección de Lego Technic (el de los engranajes, no el de los cubos) contribuyeron a forjar mi determinación sobre este tema. Y es que ya de pequeño tenía ideas bastante interesantes, aunque esté mal que sea yo quien lo diga: mi primer recuerdo sobre este tema se remonta a cuando yo tenía 4 años, y dura tan solo unos pocos segundos. En él aparezco bajando las escaleras de casa de mis abuelos pensando en qué podría hacer si tuviese un motor de Lego. He olvidado si llegué a averiguar qué hacer con ellos, pero de todos modos no me hice con uno hasta bien entrado en Primaria. El segundo recuerdo no es un momento como tal, sino una idea. Probablemente una de las ideas a las que más tiempo haya dedicado nunca: la máquina de hacer tortillas.</p>
<p>Podrá sonar absurdo, probablemente lo sea. Aunque tras ver hace unos días proyectos muy similares en el Premio Don Bosco no me parece tan descabellado que pueda llevarse a cabo; de hecho eso fue lo que trajo de vuelta mi peculiar máquina a mis pensamientos. Hoy en día sabría cómo construirla, probablemente variando muy poco el diseño original que planeé con ¿7? ¿8 años? Por desgracia he perdido cualquier dibujo que hubiese podido hacer, así que me tocaría volver a ingeniar los diversos mecanismos de que estaba compuesta. Pero esta entrada no pretende versar sobre cómo recordar lo olvidado. Más bien, al contrario.</p>
<p>He tomado como punto de partida esta &#8220;máquina de hacer tortillas&#8221; como podría haber elegido cualquiera de las docenas de inventos variados que guardo con celo en una carpeta amarilla. Pero por ser el primero que recuerdo con cierta claridad le ha tocado. Como iba diciendo unas líneas más arriba, siempre que he tenido una idea (principalmente, una idea &#8220;técnica&#8221;) ha ido acompañada de ese <em>clic.</em> Realmente no sabría cómo definirlo con exactitud, ni siquiera si esa sensación es experimentada de igual manera por todo el mundo. En mi caso consiste en sentir de repente una especie de sosiego, el abrupto fin de una inquietud de la que no me había percatado hasta ese momento. Como si de repente todo mi cerebro diese un saltito. <em>Clic.</em></p>
<p>Pero no todo acaba ahí. Ni empieza, de hecho. Cada idea suele ir precedida por algo fuera de lo común que hace reflexionar (consciente o inconscientemente, no lo sé) a nuestro cerebro. A mí me suele ocurrir con las clases de Física, aunque no me limito sólo a eso. Si nos limitamos al colegio, también las de Matemáticas, Dibujo Técnico o Electrotecnia me provocan nuevos pensamientos.  Sinceramente, no estoy seguro de por qué la idea <em>ocurre</em>, pero el caso es que lo hace. Un libro muy interesante sobre este tema es <em>Las buenas ideas, </em>de Stephen Johnson, del que me tomaré la libertad de citar su conclusión:</p>
<blockquote><p>Dese un paseo. Cultive sus corazonadas. Escríbalo todo, pero mezcle las carpetas. Celebre la serendipia. Cometa errores fértiles. Disfrute de aficiones variadas. Frecuente los cafés y demás redes líquidas. Siga los vínculos. Deje que otros construyan encima de sus ideas. Tome prestado, recicle, reinvente. Construya un enmarañado ribazo.</p></blockquote>
<p>Básicamente, lo que dice este hombre es que si pretendemos tener buenas ideas lo peor que podemos hacer es llevar una vida rutinaria sin acicate intelectual alguno. Y mi experiencia no hace sino corroborarlo. Otro tema es ya el desarrollo de la idea, lo que hacemos con ella después del chasquido de marras. En algunas ocasiones no hay nada más sobre lo que pensar: simplemente se tiene la idea, y ya. No hay por qué perfeccionarla. Pero la mayor parte de las veces el recorrido del invento en cuestión no ha hecho más que comenzar: a ese núcleo que acaba de nacer se van añadiendo modificaciones, correcciones&#8230; incluso puede acabar no teniendo nada que ver con lo que era en sus orígenes. Durante un tiempo se tiene la idea en la cabeza, se va meditando sobre ella, tal vez se explique a alguien que te dice lo inviable que es. En ocasiones, esas voces insidiosas tienen razón: por grande que sea nuestro entusiasmo hay cosas que no son posibles. Pero es mejor pensar que se equivocan, y seguir incubando la idea. Todo ello hace que poco a poco madure hasta que nos demos cuenta de que ya no la podemos hacer crecer más. Que ya es una Idea con pleno derecho, digna de ser escrita en un folio en blanco y guardada en una carpeta.</p>
<p>Eureka.</p>
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		<title>I Kant study Philosophy</title>
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		<pubDate>Wed, 21 Mar 2012 23:33:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Aguarón de Blas]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_1940" style="width: 310px" class="wp-caption aligncenter"><a href="http://juan.aguarondeblas.es/wp-content/uploads/2012/03/descartes.jpg"><img class="size-medium wp-image-1940" title="descartes" src="http://juan.aguarondeblas.es/wp-content/uploads/2012/03/descartes-300x224.jpg" alt="" width="300" height="224" /></a><p class="wp-caption-text">Perdón por el título de la entrada. No he podido evitarlo.</p></div>
<p>Si hay algo que realmente deteste de Bachillerato en general, y de 2º en particular, es que esté exclusivamente centrado en Selectividad. Lo admito, realmente es un factor muy importante ya que este ciclo ha de garantizar unos conocimientos mínimos para así poder tener el nivel requerido en la Universidad. Pero quizá sea ese el problema: conocimientos mínimos. El hecho de que se vean constantemente los mismos temas, machacados una y otra vez, siempre con la palabra <em>Selectividad </em>grabada a fuego en todo libro, apunte o cuaderno que podamos usar hace que la mayoría de los estudiantes acabe pensando que el objetivo de los dos últimos años de instituto es aprobar un examen. Tal vez sea así, no estoy seguro. Pero en mi opinión no debería serlo; creo que las cerca de 2000 horas que invertimos en el Bachillerato deberían servir para algo más que eso.  Hay una cita de Mark Twain que refleja esta situación a la perfección: «Nunca permití que la escuela interfiriera en mi educación».</p>
<p>Este año tengo 9 asignaturas: 4 de Ciencias, 4 de Letras y Religión (que pongo aparte ya que no computa). Nunca me ha gustado la clara separación que se hace entre las dos ramas del saber, pero es evidente que los procedimientos que emplean no son los mismos. No se puede enseñar Historia del mismo modo que se enseña Matemáticas, pero por suerte en ambas materias existe una parte práctica; no se trata de asignaturas meramente teóricas. Sin embargo, de entre esas 9 disciplinas hay una que destaca por lo absurdo de su enfoque. En efecto, se trata de la Filosofía. O Historia de la Filosofía, hablando con propiedad.</p>
<p>No soy ningún experto en pedagogía, pero me parece que una materia que desde sus orígenes se caracterizó por su gusto por ejercitar el cerebro no debería explicarse únicamente por el método memorístico. Aristóteles y sus seguidores hacían Filosofía mientras caminaban por el Liceo (de ahí su nombre, <em>escuela peripatética</em>), y yo no me los imagino precisamente hincando codos sin más. Es cierto que por aquella época no había mucho que estudiar (cosas filosóficas, quiero decir), pero aun con todo discutían sus diversas teorías, hablaban&#8230; <strong>pensaban.</strong> Y eso es precisamente lo que le falta a la asignatura de Historia de la Filosofía: la práctica, el ejercicio. Porque, sinceramente, una asignatura cuya mayor complejidad intelectual (¡única, si me apuráis!) es aprender de memoria una serie de fechas, hechos y autores no está bien planteada. Si en Selectividad el examen de esta asignatura consiste únicamente en enunciar lo mejor posible dos teorías y una serie de escuelas, algo falla.</p>
<p>Tomemos el caso de Historia de España, por ejemplo: en muchos aspectos, idéntica a la que me trae de cabeza. ¡Incluso comparten parte del nombre! Pero el planteamiento es sutilmente diferente: en Historia, entre otras cosas, hay comentarios de texto. ¿Cómo? ¿No se hacen comentarios de texto en Filosofía? Sí y no: no hay ningún motivo para hacerlos, así que todo depende del profesor. Por lo general alguno se suele hacer, pero no son para nada comparables a lo que encontramos en Historia (además de saber qué poner en los comentarios, hay que redactarlos, algo que da cierta libertad de pensamiento que se agradece).</p>
<p>&#8220;Pero es que Juan, tú eres de Ciencias y no te gusta la Filosofía&#8221;, me recriminaréis. De nuevo, eso es en parte cierto y en parte falso. Sí que es verdad que viniendo de un Bachillerato Tecnológico y llevando gran parte de mi vida viviendo &#8220;de rentas&#8221; no me motiva especialmente ponerme a estudiar (memorizar, recordemos) algo que siempre he visto como un conocimiento sombrío y apolillado. Hasta hace relativamente poco tiempo, al menos: un día comencé a debatir con algunos compañeros (no en clase, evidentemente; eso sería impensable) sobre una cuestión baladí y acabamos enzarzados en una encendida discusión mientras esgrimíamos argumentos de Kant. Y ese día aprendí más sobre ese hombre que en toda mi vida, por el mero hecho de pensar. ¿Es tan descabellado pretender que nosotros los alumnos le demos vueltas a la cabeza? ¿Acaso es demasiado doloroso? Muchas veces cuesta ponerse, pero la alternativa es mucho peor. Pensar no duele, pero deja secuelas. Y ya que tenemos cabeza, aprovechémosla para algo más que para almacenar información, amorticémosla. Mejor exprimir hasta la última neurona que no haberla sacado de la caja.</p>
<p>Si me permitís la siguiente comparación,  deberíamos darnos cuenta de que lo que hay que hacer no es ampliar el disco duro, sino limpiar el polvo de la CPU: a menudo se dan ordenadores lentos por obsoletos, cuando lo único que ocurre es que por no estar bien conservada ésta ha acabado por reducir su rendimiento. Pero parece que es más sencillo comprar discos duros y llenarlos de infinidad de archivos que poner a punto el procesador. Que eso es muy complicado, y además hay que aprender a hacerlo. Con lo cómodo que es copiar y pegar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Actualización [24/3/2012]: también muy interesante es <a href="http://serranoalej.wordpress.com/2012/01/18/quien-le-pone-el-cascabel-al-gato-de-la-educacion-en-espana/">este artículo</a> de Alejandro Serrano; aporta algunos datos muy relevantes.</p>
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		<title>Parábola del hombre con las manos atadas</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Sep 2011 21:49:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Aguarón de Blas]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Hoy en clase de Lengua hemos leído este texto que da bastante que pensar, y que a mí me ha gustado mucho: Érase una vez un hombre que vivía como todos los demás. Un hombre normal. Tenía Cualidades positivas y negativas. No era diferente. Un día, llamaron repentinamente a su puerta, cuando salió se encontró [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Hoy en clase de Lengua hemos leído este texto que da bastante que pensar, y que a mí me ha gustado mucho:</p>
<blockquote><p>Érase una vez un hombre que vivía como todos los demás. Un hombre normal. Tenía Cualidades positivas y negativas. No era diferente.</p>
<p>Un día, llamaron repentinamente a su puerta, cuando salió se encontró con sus amigos. Eran varios y habían venido juntos. Sus amigos después de mantener una larga y amistosa charla con él, le ataron los pies y las manos para que no pudiera hacer nada malo (pero se olvidaron de decirle que así tampoco podría hacer nada bueno). Y se fueron dejando un guardián a la puerta para que nadie pudiera desatarle.</p>
<p>Al principio se desesperó y trató de romper las ataduras. Cuando se convenció de lo inútil de sus esfuerzos, intentó, poco a poco, acostumbrarse a su nueva situación.</p>
<p>Poco a poco consiguió valerse para seguir subsistiendo con las manos atadas. Inicialmente le costaba hasta quitarse los zapatos. Hubo un día en que consiguió liar y encenderse un cigarrillo, y empezó a olvidarse de que antes tenía las manos libres.</p>
<p>Pasaron muchos años, y el hombre comenzó a acostumbrarse a sus manos atadas. Mientras tanto su guardián le comunicaba, día tras día, las cosas malas que se hacían en el exterior los hombres con las manos libres (pero se le olvidaba decirle las cosas buenas que también hacían los hombres con las manos libres)</p>
<p>Siguieron pasando los años y el hombre llegó a acostumbrarse a sus manos atadas, y cuando, el guardián le señalaba que gracias a aquella noche en que entraron a atarle, él, el hombre de las manos atadas no podía hacer nada malo. ( pero se le olvidaba señalarle que tampoco podía hacer nada bueno).</p>
<p>El hombre comenzó a creer que era mejor vivir con las manos atadas. Además, ¡Estaba tan acostumbrado a las ligaduras&#8230;!</p>
<p>Pasaron muchos años, muchísimos años más&#8230;, un día sus amigos sorprendieron al guardián, entraron en la casa y rompieron las ligaduras que ataban las manos del hombre.</p>
<p>“¡Ya eres libre!”, le dijeron.</p>
<p>Pero habían llegado demasiado tarde, las manos del hombre estaban totalmente atrofiadas y, aunque así, con las manos libres ya no podía hacer cosas malas, tampoco podría ya hacer cosas buenas.</p></blockquote>
<p>Carlos Giner, <em>Fuera y dentro de la política.</em></p>
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		<title>Consejos para leer por la calle</title>
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		<pubDate>Thu, 05 May 2011 17:43:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Aguarón de Blas]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Ya que ha llegado el buen tiempo y el ángulo de incidencia de los rayos solares todavía no es muy pronunciado, me parece conveniente comentaros las muchas bondades de la útil afición de leer por la calle, así como daros algunas indicaciones para que aunéis lo mejor de vuestros paseos vespertinos con las obras más [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://juan.aguarondeblas.es/wp-content/uploads/2011/05/darth-vader-libro.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-1651" title="darth vader libro" src="http://juan.aguarondeblas.es/wp-content/uploads/2011/05/darth-vader-libro-300x200.jpg" alt="" width="300" height="200" /></a></p>
<p>Ya que ha llegado el buen tiempo y el ángulo de incidencia de los rayos solares todavía no es muy pronunciado, me parece conveniente comentaros las muchas bondades de la útil afición de leer por la calle, así como daros algunas indicaciones para que aunéis lo mejor de vuestros paseos vespertinos con las obras más selectas en edición bolsillo.</p>
<div>
<p>Quizá hayáis intentado leer alguna vez mientras caminabais, o bien ya sois unos expertos en el tema y podéis recorrer kilómetros con El Quijote. O también podría ser que no os guste leer, en cuyo caso podéis entreteneros un rato <a href="http://nyan.cat">aquí</a>. En cualquier caso, no podéis negar que a una actividad tan saludable como lo es dar un un paseo de casa al trabajo le falta algo de emoción. En caso de que os guste ir mirando los escaparates, perfecto. Pero si conocéis de memoria la posición en la escala de Mohs de cada uno de los adoquines y podríais recorrer el trayecto con los ojos cerrados (habilidad muy útil para leer andando, todo hay que decirlo), o bien no os importan las últimas ofertas en patucos, ¡la lectura será vuestra nueva compañera de viaje!</p>
<p>Visto lo visto, seguro que ahora estáis deseando salir a la calle y devorar unos cuantos capítulos del primer folleto de  supermercado que encontréis. Pero, ¡atención! Yo no he dicho que vaya a ser sencillo. De hecho, para ilustrar los peligros de este deporte, me pondré a mí mismo como ejemplo:</p>
<blockquote><p>Comienzos de julio de 2004. El joven Juan iba tranquilamente al cumpleaños de su primo pequeño y, ya que el trayecto era aburrido,  caminaba leyendo un libro. Sin embargo, todavía no había desarrollado la capacidad de leer andando sin chocarse. La consecuencia más visible de este hecho fue un chichón en su frente. La que menos, una ligera inclinación de un semáforo.</p></blockquote>
<p>Evidentemente, si por aquel entonces hubiese dominado la técnica, mi volumen craneal no habría aumentado tan repentinamente. Por eso, pongo a disposición de todos los pequeños Juanes que hay por el mundo una serie de consejos que harán de la lectura en peregrinación una práctica menos peregrina.</p>
<ul>
<li>Lo primero, y más importante, es el libro. Me parece bien que coleccionéis libros de canto gregoriano pero, como podréis comprender, no resulta viable llevar el facistol a cuestas. Así que haceos con un libro de bolsillo, a poder ser de tapa blanda y de un tamaño que permita guardarlo cómodamente en los bolsillos. Aunque es cierto que ésta es una práctica más apropiada para invierno, ya que se suele llevar abrigo (lo cual permite almacenar tres libros cómodamente), no suele haber ningún problema en llevar un ejemplar reducido en el bolsillo del pantalón. Lo ideal sería un pantalón con bolsillos en las rodillas, aunque son una prenda de ropa no muy común en comparación con los vaqueros.</li>
<li>A continuación, la técnica: si estoy escribiendo esto, es porque hay que modificar ligeramente la postura del cuerpo para poder leer y no estamparse contra el primer viandante inocente que no veamos. En realidad, resulta muy sencillo: el tronco ha de estar completamente vertical (como lo estaría si anduvieseis con normalidad; no hace falta ser un Ent), al igual que el cuello. Nada de inclinar el cuello hacia abajo, pues entonces estaríais mirándoos a los pies y eso aumenta drásticamente las posibilidades de que tengáis una charla brusca con el pobre viandante de marras. Lo que hay que hacer es elevar los brazos y mantener el libro a la altura de la cara, como si quisierais que nadie os viese mascando chicle. Lógicamente,el libro no debería taparos los ojos, porque si no estamos en las mismas. Mejor dejar la parte de arriba del libro cerca de la punta de la nariz, y no moverla mucho (el borde del libro; con la nariz podéis haceros un nudo si queréis). Esto os permitirá leer el libro cómodamente, permitiendo que vuestro cerebro os avise en cuanto vea aparecer un obstáculo en la zona superior del campo de visión.</li>
<li>Si ya os sabéis el camino, aprovechad los semáforos en rojo para leer con el cuello doblado, que si no se puede acabar cansando de estar todo el rato quieto. Para los vagos, recomiendo apoyarse en el propio semáforo, pero únicamente con el hombro a una altura prudencial y con las piernas cruzadas sin tocar el poste (esto impide que los posibles fluidos de la mascota del vecino hagan que vuestras perneras acaben descoloridas).</li>
<li>Además de por el abrigo, leer en los meses fríos tiene la ventaja de que la luz no daña demasiado la vista. Si leéis en ciudad, intentad ir por la acera en la que haya más sombra en ese momento, y leed únicamente por las zonas de sombra. De este modo vuestros ojos no sufrirán cuando paséis de una calle con una agradable penumbra a otra completamente iluminada (además, a esto se le añade un inconveniente del papel: es blanco, y el color blanco refleja. No llega a ese extremo, pero hay gente que se ha quedado ciega por esquiar sin gafas a causa del brillo de la nieve). Aunque personalmente no me gusta mucho la luz del sol, no estoy siendo prejuicioso: realmente hace pupa que tu agradable página mate se convierta en un flash de cámara de unos cuantos lúmenes de intensidad.</li>
<li>Finalmente, os recomiendo mirar a vuestro alrededor en busca de móviles (o no, véase la anécdota del semáforo) con los que podríais chocar: cada página o media ídem alzad la cabeza y escanead, que más vale prevenir que curar.</li>
</ul>
<p>Y ahora que os he aleccionado convenientemente, esperad a que descienda el Sol y quemad unas cuantas neuronas y calorías con vuestra nueva habilidad adquirida (no hablemos ya de la imagen de persona interesante que infundiréis en el barrio), que el verano está próximo y no viene mal perder un poco de masa. Cerebral.</p>
</div>
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		<title>El blog del viaje de estudios</title>
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		<pubDate>Sat, 23 Apr 2011 09:12:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Aguarón de Blas]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Se me había olvidado publicarlo, pero más vale tarde que nunca: he pensado que no merece la pena narrar todo el viaje aquí en el blog, ya que los profesores con los que fuimos lo fueron haciendo cada noche. Si a alguien le interesa leer las crónicas, <a href="http://mediavillaitalia.blogspot.com/">helo aquí</a>. Os dejo con un fragmento de una entrada que escribí con Fran y Sergio:</p>
<blockquote><p>El Adriático con la luz del alba<br />
al supremo vaporetto precede<br />
que a la villa del Véneto antecede<br />
y nos encontramos gente a mansalva.<br />
El Palacio Ducal visitamos<br />
de oro de muchos quilates colmado<br />
con obras maestras dignas del papado<br />
y en la Plaza San Marcos alucinamos<br />
ya que el estómago mucho rugía<br />
antes de en góndola, darnos un paseo<br />
fuimos a jalar a una tratoría<br />
y entre edificios que ni la Seo<br />
montamos una gran algarabía<br />
mientras buscábamos un aseo.</p></blockquote>
<p>No es digno de Quevedo, pero aun así refleja muy bien el espíritu del viaje <img src="http://juan.aguarondeblas.es/wp-includes/images/smilies/icon_smile.gif" alt=":)" class="wp-smiley" /> </p>
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		<title>El péndulo del Destino</title>
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		<pubDate>Mon, 24 Jan 2011 22:34:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Aguarón de Blas]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Cosas en General]]></category>
		<category><![CDATA[curiosidad]]></category>
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		<category><![CDATA[escrito]]></category>
		<category><![CDATA[albedrío]]></category>
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		<category><![CDATA[libre]]></category>
		<category><![CDATA[newton]]></category>
		<category><![CDATA[teoría]]></category>
		<category><![CDATA[universo]]></category>

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		<description><![CDATA[Sonará muy melodramático el título de este post, pero no me he podido resistir. Hace unos días se me ocurrió una teoría bastante peculiar sobre el Destino. Según ella, estaríamos condenados a no decidir por nosotros mismos. Pero bueno, nos parecería poder decidir. Rogamos silencien sus teléfonos móviles y silencien las alarmas de sus relojes. [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Sonará muy melodramático el título de este post, pero no me he podido resistir. Hace unos días se me ocurrió una teoría bastante peculiar sobre el Destino. Según ella, estaríamos condenados a no decidir por nosotros mismos. Pero bueno, nos parecería poder decidir.</p>
<p>Rogamos silencien sus teléfonos móviles y silencien las alarmas de sus relojes. Gracias.</p>
<p>Comencemos con algo sencillito: todos conocemos el péndulo de Newton (o &#8220;lo de las canicas de metal&#8221;, como muchos lo llaman):</p>

<a href="http://juan.aguarondeblas.es/wp-content/gallery/imagenes-en-general/newtons_cradle_animation_book_2.gif" title="" class="shutterset_singlepic74" >
	<img class="ngg-singlepic ngg-center" src="http://juan.aguarondeblas.es/wp-content/gallery/cache/74__320x240_newtons_cradle_animation_book_2.gif" alt="newtons_cradle_animation_book_2" title="newtons_cradle_animation_book_2" />
</a>

<p>Consta de una serie de esferas perfectamente alineadas y pendientes de unos hilos, que utilizó Newton para demostrar el principio de conservación de la energía. Si alejamos una bola de un extremo, y la soltamos repentinamente, ésta golpeará al resto, y la energía cinética que llevaba será transmitida al conjunto, provocando que la bola del otro extremo salga en dirección contraria. Si el rozamiento fuera nulo, este movimiento se perpetuaría indefinidamente.</p>
<p>Ahora bien, otra manera de enfocar este juguete es desde el punto de vista de la previsión: si soltamos la primera canica desde una altura x, sería relativamente sencillo conocer la fuerza con que golpearía al resto de bolas, la velocidad con que saldría despedida la última, el número de rebotes que habría&#8230; Además, si se repitiera el experimento, siempre haría lo mismo: mismas fuerzas, mismas velocidades, mismas distancias&#8230; el comportamiento de las bolas sería el mismo.</p>
<p>Hace 13.700 millones de años. ¿Qué es eso? ¡Un guisante! Pero, espera&#8230; es brillante y se hace cada vez más grande&#8230; ¡Es el Big Bang! Una enorme explosión de energía que da rápidamente lugar a la materia tal y como la conocemos hoy en día. La materia está formada por partículas esféricas, y entre ellas se producen diversos intercambios de energía&#8230; al fin y al cabo, nuestro vasto universo no se diferencia tanto de el juguete que inventó Newton.</p>
<p>Entonces, de la misma manera en que conociendo todos los datos del péndulo (energías, masas, número de bolas) podemos determinar fielmente qué ocurrirá, se podría recopilar <em>toda</em> la información del universo y deducir cuál será su comportamiento futuro. Al igual que mezclando vinagre y bicarbonato en una proporción determinada se consigue siempre una misma cantidad de dióxido de carbono, en el momento mismo de la creación del universo se determinó su futuro, pues partiendo de esas condiciones sólo existía un camino, o forma de organización, posible: el que estamos viviendo actualmente.</p>
<p>Así pues, a no ser que exista un factor &#8220;azaroso&#8221;, quizá sea sensato creer que no hacemos realmente lo que nos apetece. Aunque, eso sí, la idea de que el libre albedrío sea sólo una ilusión no me gusta nada.</p>
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