Ahora que he logrado concentrar vuestra ira en mi persona, aprovecho para deciros que tras un par de semanas en los Pirineos he vuelto a Zaragoza, por lo que me veréis el pelo un poco más por estos lares. De todos modos, parece mentira que ya lleve(mos) más de 7 semanas de verano.
Atrás quedan las tres semanas en Chicago, las dos en Bilbao y estos últimos días en la montaña. Aunque el estío ya languidece (qué bonito me ha quedado) todavía quedan unos días hasta que empiece el curso. Y, como es habitual, no me faltan cosas que hacer: en estos momentos me encuentro trabajando en unas páginas web que nos han encargado a mi hermano y a mí, pero planeo comenzar pronto mi disfraz para el próximo Salón del Cómic de Zaragoza. Los planos están ya hechos, pero serán top-secret mientras no os pueda enseñar nada palpable.
Por otro lado, también tengo que escribir varias entradas que tengo pendientes desde hace bastante tiempo, principalmente libros que he ido leyendo y alguna que otra curiosidad. Así que, si todo va bien, el ritmo del blog se normalizará dentro de poco. Aunque ahora que lo pienso, lo que yo considero “normal” es lo que era habitual hace un par de años, cuando todas las tardes podía escribir una entrada. Algo me dice que este próximo curso no será así.
Productos de una tarde ociosa, los chistes que tenéis a continuación sólo pueden ser comprendidos en su totalidad por los que estuvimos en el campus, o bien por aquellos que han tenido en algún momento una fijación obsesiva por los generadores de Van de Graaff. Allá van:
¿Cuál es el colmo de VDG?
Que te lo cargues.
¿Qué hace VDG con una videoconsola?
Cargar la partida.
¿Cuál es la pega de VDG?
Es un poco cargante.
¿Cuál es el dulce favorito de VDG?
El chupa-chups.
¿Por qué VDG no pudo aparcar su coche?
Porque era zona de carga y descarga.
¿Qué hace VDG para conseguir música?
La descarga.
¿Qué tiene VDG en la Universidad?
Un cargo.
¿Por qué VDG no salió de paseo?
Porque estaba chispeando.
¿Por qué VDG abandonó a su perro?
Porque era una carga para él.
Van der Graff y se cae el del medio.
¿Qué le dice un Generador VDG a otro?
¡Pero mira que eres cabezón!
¿Cuál es la virtud de VDG?
Tener los pies sobre la tierra.
¿Cómo sabemos que VDG está en un ascensor?
Porque el ambiente está cargado.
¿Cómo le gusta el café a VDG?
Cargado.
¿Por qué VDG odia ir de viaje?
Porque siempre acaba cargando con todos.
(Carlos García)
¿Cómo se llamaba el perro de VDG?
Chispas.
¿Sabes por qué tuvo que abandonarlo?
Era una carga para él.
(Juan Jusa)
¿Por qué VDG no hizo el Camino de Santiago?
Porque tenía las piernas cargadas.
Como os comenté, durante estas dos últimas semanas he estado en Bilbao con la beca Campus Científicos de Verano. Desde el 17 hasta el 30 de julio he convivido con otras 29 personas con inquietudes científicas como yo, pero no era eso lo único que nos unía: a diferencia de lo que ocurre en otros campamentos o actividades organizadas para grupos, todos nosotros compartíamos carácteres y aficiones similares, lo que ha hecho que estos quince días hayan pasado volando. Mirando hacia atrás, me doy cuenta de las muchas cosas que he hecho a lo largo de estos días, pero curiosamente parecen menos por lo rápido que ha sucedido todo.
Cuando fui de viaje de estudios a Italia con el colegio me di cuenta de algo muy curioso, llamémoslo la regla del autobús: todo grupo lo suficientemente grande que haya de convivir durante un tiempo, acabará dividiéndose en un mínimo de dos grupos con diferencias sustanciales entre ellos. En el caso de Italia, esto era muy claro: en la parte de delante del autobús nos encontrábamos los frikis, y en la parte de detrás se hallaba la gente normal. Pues bien, si hubiese que meter a toda la gente de Euskampus en el mismo autobús que nos llevó a mi clase y a mí por toda la península itálica, al menos el 90% iría en la parte de delante. Quizá esta imagen lo explique mejor:
Toque de frikismo extra: ¡algunos lagartos infiltrados!
Pero bueno, como he dicho, esto se trata de un campus científicoy, como tal, tenía algo de Ciencia. Bastante, de hecho: todos los días íbamos por la mañana a la Universidad del País Vasco a participar en los proyectos que nos habían sido asignados. La distribución era bastante sencilla: cada grupo de 7-8 personas tenía un proyecto para cada semana: Matemáticas, Física, Química o Biología. Los míos (¡sorpresa!) eran Física y Matemáticas, y en ambos proyectos estuve con las mismas personas.
El proyecto de la primera semana era el de Física, aunque era muy aplicado: lo que hicimos fue construir con nuestras propias manos dos generadores de Van de Graaff. Aunque tuvimos varios problemas que fuimos subsanando sobre la marcha, el grande nos funcionó a la primera. El segundo, de menor tamaño, los terminamos a última hora, pero finalmente todo salió a la perfección. Además de aprender un montón acerca de la electricidad estática y este peculiar ingenio, también descubrimos varias formas de dar garrampazos a algún despistado que se hallase cerca y que meter tenedores metálicos en el microondas no es tan peligroso como parece.
Durante la segunda semana, más corta, nos dedicamos en cuerpo y alma a las Matemáticas, concretamente a la criptología y a la probabilidad. Creo recordar haber dicho que el ambiente de frikismo del grupo era considerable. Pues bien, los profesores de este proyecto eran dignos de ese ambiente. Creo que con eso se explican cosas como la siguiente:
Explicación práctica del Teorema de Bayes
La verdad es que, aunque no soy precisamente un acólito de la probabilidad, me gustó bastante el proyecto en conjunto: venía a ser una especie de selección de los mejores días del TTM.
El último día, el de la presentación en conjunto de los proyectos, tuvo su toque wtf cuando toda la sala (unos 30 estudiantes; 15 profesores; padres y visitantes; y peces gordos de la Uni) vio que nuestra última transparencia consistía en las letras de FIN (cada una de un color) cayendo lentamente sobre un fondo de arcoiris en .gif, y apareciendo un unicornio rosa (también en .gif) con la música de Mario Bros de fondo. Impresionante. Ese día también sorteamos los generadores Van de Graaff que habíamos construido, ¡y yo me llevé el grande! Y sí, mi madre dijo que o se va el Van de Graaff, o me voy yo.
Cuando no estábamos en la Uni también realizábamos actividades: fuimos al Guggenheim, a una gymkana matemática, a la playa, de excursión a un parque natural, a San Sebastián, a algún que otro museo…
¡Animales rodeados de animales!
En definitiva, una experiencia inolvidable. El único inconveniente es que ya no podemos repetir el año que viene, al ser una actividad únicamente disponible para alumnos de 4º de ESO y 1º de Bachillerato. Así que espero que el Ministerio recapacite acerca de su decisión, sabiendo que si no extiende la edad hasta 2º de Bachillerato todos nosotros estudiaremos Derecho.
Por cierto, durante la primera semana escribí junto con dos amigos un blog -obligado- acerca del campus llamado Not only mejillón Science. Puede que aún publique alguna cosa más sobre el campus en Cosas en General, pero ése está cerrado definitivamente.
Lo primero de todo, ¡feliz 4 de julio! Bueno, teóricamente ha acabado hace 24 minutos, pero todavía se siguen oyendo petardos en la lontanza.
“Juan no ha publicado nada últimamente, ¿se habrá olvidado del blog?”, os preguntaréis. Pues no, de hecho soy muy consciente de que el año pasado publiqué varias entradas -bastante elaboradas, todo hay que decirlo- durante mi estancia en el país de las barabacoas y de que este año ésta es la primera, pero todo tiene su explicación: el verano pasado iba con un grupo, lo cual implica una organización que planea actividades (que dejan mucho tiempo de ocio) para el día a día, amén de ser responsable de la estancia de los estudiantes. Además, mi familia del año pasado era un tanto peculiar, y yo no salía mucho de casa.
Sin embargo, este año he venido por mi cuenta gracias a que los Fischer -la familia anfitriona de una chica del grupo del año pasado- me han acogido. Y bueno, siendo el sexto brother de la familia, la verdad es que no tengo mucho tiempo libre. Ahora bien, me lo estoy pasando genial, y estoy hablando más inglés que nunca -ésta es la ventaja de ir sin una organización: no hay españoles con los que tener facilidad de palabra; no obstante, Susan, la madre, es profesora de español, pero no lo habla a menudo-, así que supongo que las entradas de blog tendrán que esperar a la vuelta. De todas formas, no esperéis gran cosa, ya que el año pasado conté prácticamente todo acerca de lo monumental-turístico que tiene Chicago, y esta vez se trata de un viaje de inmersión en familia a tiempo completo (con todo lo que ello conlleva). De todos modos, os dejo con estas fotos (¿alguien adivina con qué o quién salgo?) para que veáis lo sano que estoy; las fotos con gente tendrán que esperar ya que están en la cámara de Claire.
No sé cuándo volveré a publicar, al fin y al cabo ya he pasado el ecuador de mi viaje. Con algo de suerte lo volveré a hacer antes de que me marche, pero si no lo hago, sabed que me hallo estupendamente.
Se me había olvidado publicarlo, pero más vale tarde que nunca: he pensado que no merece la pena narrar todo el viaje aquí en el blog, ya que los profesores con los que fuimos lo fueron haciendo cada noche. Si a alguien le interesa leer las crónicas, helo aquí. Os dejo con un fragmento de una entrada que escribí con Fran y Sergio:
El Adriático con la luz del alba
al supremo vaporetto precede
que a la villa del Véneto antecede
y nos encontramos gente a mansalva.
El Palacio Ducal visitamos
de oro de muchos quilates colmado
con obras maestras dignas del papado
y en la Plaza San Marcos alucinamos
ya que el estómago mucho rugía
antes de en góndola, darnos un paseo
fuimos a jalar a una tratoría
y entre edificios que ni la Seo
montamos una gran algarabía
mientras buscábamos un aseo.
No es digno de Quevedo, pero aun así refleja muy bien el espíritu del viaje
En dos palabras: im-presionante. 30 personas, 8 días de viaje, 12 ciudades, montones de iglesias, monumentos y obras de arte variadas… por toda Italia. Pero se acabó, y no se puede repetir… ¿o sí?
Realmente, ha sido un viaje fantástico que aún tengo que digerir (para que os hagáis una idea, he hecho 1800 fotos), pues el ritmo ha sido frenético (Roma en día y medio, por ejemplo). De momento, tendréis que conformaros con esta foto friki que tomé en Pisa con mi buen amigo el transportador de ángulos, pero no os preocupéis, que intentaré publicar algo más extenso que esto.