abr 8 2011

A Italia!

No había comentado nada, así que lo digo ahora: en un par de horas me voy a Italia de viaje de estudios con el cole hasta el 16, así que esto estará más parado de lo habitual. ¡Me tomaré unos cuantos helados a vuestra salud, no lo dudéis!

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oct 17 2010

Clasificación de los peregrinos en el Camino de Santiago

Ahora que he terminado mi tercer Camino de Santiago, creo que puedo escribir los diferentes tipos de peregrinos que uno se puede encontrar por el Camino:

  • Peregrino estándar: caracterizado por haber comprado varias cosas de su indumentaria, si no todas, en Decathlon (Quechua).
  • Turigrino: peregrino que hace el Camino andando, pero acostumbra a exigir incluso por lo que es gratis.
  • Falso peregrino: cuenta con un coche de apoyo, al igual que algunos turigrinos, pero éste recorre la mayor parte del trayecto en su vehículo, caminando únicamente los últimos kilómetros.
  • Peregrino auténtico: el que huele a peregrino, y no posee los suficientes medios materiales.
  • Pijigrino: peculiar especie de peregrino cuya característica más notable es la de ir vestido como si fuera a una boda: véase gran profusión de cocodrilos de Lacoste, caballos de Ralph Lauren… No suelen hacer grandes etapas, y muchas veces son turigrinos.
  • Hippygrino: peregrino con una sólida mata de pelo, que suele tener rastas, y desprende un aroma similar al del peregrino auténtico, pero viste mejor (mucha lana).
  • Habitante del Camino: raro tipo de peregrino auténtico caracterizado por no tener vida extrajacobea: su existencia está basada en vagar por el Camino, yendo a Santiago, volviendo a Roncesvalles, otra vez a Santiago, luego Somport… Y así, toda la vida.

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ago 27 2010

Fiesta, última visita a Chicago, Despedida (15-17/07)

Con esta entrada, un mes después de mi regreso, termino el relato de mis experiencias en Estados Unidos.

Jueves 15: Por la mañana estuve haciendo mi maleta, y pesándola cada 5 minutos. No fue especialmente interesante. Por suerte, sí lo fue lo que hice por la tarde: la encargada americana del viaje organizó una fiesta en su casa para los españoles, y las host families que quisieran. Hubo bastante comida y bebida, y nos lo pasamos mejor que en la primera fiesta, ya que no sufríamos los efectos del jet-lag. A eso de las 23:30 volvimos cada uno a nuestra casa, ya que teníamos que descansar para la excursión del día siguiente (la última).

Viernes 16: por la mañana salí en tren a primera hora hacia el centro de Chicago. Allí nos reunimos con el resto del grupo, junto a la famosa Torre Sears (ahora Willis Tower). Debido al precio, y, en mi caso, a que ya había subido a otro rascacielos desde el que las vistas eran mejores (Torre Hancock), algunos nos quedamos en la parte de abajo.

442 metros de acero y cristal.

A las 12 habíamos quedado con la coordinadora en otro edificio y, como se acercaba la hora y la mayor parte del grupo no había salido aún de la torre, empezamos a pensar que ya se habrían marchado, que habrían supuesto que nos habíamos ido ya… Así que yo me puse algo nervioso, por lo que pregunté en recepción si había algún teléfono por ahí. La recepcionista me dejó el suyo, pero el número al que llamé comunicaba, por lo que no conseguí nada. Sin embargo, la cosa “empeoró” cuando ella sacó su walkie-talkie y dijo algo así como “¿Seguridad? Código 3, menor perdido”. Por suerte, en ese momento exacto emergieron por las escaleras mecánicas la monitora y el resto de españoles, por lo que se acabó la agobiante espera.

Una vez nos hubimos reunido con la coordinadora, nos dieron 3 horas de esparcimiento. Alejandro, Jaime y yo nos fuimos con dos franceses de cuyo nombre no puedo acordarme a la calle principal de Chicago, Michigan Avenue, pues estaba cortada por el rodaje de Transformers 3. Toda la avenida era un caos: había un montón de curiosos, muchísimos policías, no se podía cruzar por algunas zonas… Nos obligaron incluso a bajar a una especie de calles inferiores que hay bajo el centro de Chicago: la “planta calle” está construida sobre una superficie, y debajo hay incluso entradas a hoteles, todo señalizado y con aceras; el resultado era de muy mala muerte.

Lo del fondo es humo, y la calle estaba llena de cascotes.

Después de media hora atrapados en los sótanos de la ciudad, conseguimos emerger a la altura de Millenium Park. Allí nos pararon dos empleados ataviados con uniforme, y nos propusieron firmar y escribir nuestro correo electrónico en una hoja a cambio de que ellos nos diesen una bolsita de caramelos de colorines. Yo no quise ninguna de las dos cosas, pero insistieron en los caramelos, así que los cogí. A los 10 metros estaban en la papelera.

¿Se parece al Guggenheim? Es que es del mismo arquitecto.

Después quisimos ver algo más de Chicago, así que cogimos un barco de transporte que recorre un buen tramo del río Chicago, y aprovechamos para hacer fotos. Ya que el barco es un taxi (de hecho, se llamaba water taxi), el precio era muy reducido: 2$ por viaje. Ya que no nos bajamos en el destino, y volvimos directamente, el capitán, un señor muy majo, nos regaló la vuelta. Es un trayecto muy recomendable, ya que se ve la ciudad desde otra perspectiva.

Geek on the Chicago River

Más tarde entramos en una biblioteca, y acto seguido nos reunimos de nuevo con el grupo. Cuando estuvimos todos juntos de nuevo, nos fuimos a un restaurante de Wok a por nuestra Última Cena; estaba bastante bien. El mejor momento fue cuando uno se fue al baño y le pusimos wasabi dentro de su comida, fue una lástima que se diera cuenta.

Ya por la noche, de vuelta en casa, me puse a dar los últimos retoques a mi maleta. Como hago siempre antes de meterlo todo dentro, dejo aparte todo lo que compré o me regalaron durante mi viaje:

A ver si encontráis todo lo que hay :)

Sábado 17: por la mañana cerré definitivamente mi maleta, y Lisa y yo estuvimos esperando a que llegasen los Fischer, quienes me iban a llevar al aeropuerto ya que su coche es mayor. Cuando llegaron, estuvimos un rato habladndo, y luego me despedí de Lisa, metí la maleta en el maletero, y dije adiós a Lombard.

Nosotros llegamos los primeros al aeropuerto. Allí me despedí de Susan, Abby, Claire y John; y al poco pasamos al interior del aeropuerto. ¡Hasta la próxima, Chicago!

Cabe destacar el muñeco (Matías) que hice en el avión, para el asombro de la tripulación, con las cajas de comida y diversas cosas que había por el avión. ¡Incluso podía abrir y cerrar la boca con un mecanismo hecho con tenedores!

En plateado, los nombres de todos los españoles del grupo.

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mar 30 2010

En la playa

Ahora mismo estoy en un bar de Salou con el portátil, al igual que mi padre. Mi hermano tenía un torneo de baloncesto en Cambrils (a 6 minutos en coche), que yo ya sufrí el año pasado (perdimos los 5 partidos de 50 puntos, el máximo…).

Mientras mi hermano juega, yo estoy aquí tranquilamente, descansando un poco :D

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mar 25 2010

Intercambio con Francia – Días 3 y 4

Bueno, sigo con el relato de mis aventuras por las tierras de Napoleón.

Viernes 19

Por la mañana, después de desayunar y preparanos, fuimos al colegio. Mickael se fue a clase, y yo me monté en el autobús para ir a Toulouse con el resto de españoles. Después de una pequeña siestecita, llegamos a la ciudad.

Lo primero que hicimos al bajar del autobús fue formar un atasco impresionante. El autobús tuvo que parar en una esquina, cortando la circulación hasta que bajó todo el mundo. Después fuimos caminando hasta la plaza central, bastante amplia y con ocho calles que desembocaban en ella (dos por esquina). La disposición me recordó ligeramente a la de la Plaza Mayor de Salamanca. En uno de los lados más grandes se hallaba (y se halla, espero) el Ayuntamiento, llamado Capitolium. Ahí fue donde hicimos nuestra primera visita.
En una sala en la que antiguamente se oficiaban bodas (dijeron que había días en los que iban incluso a dos celebraciones por hora), nos comentaron la historia de Toulouse. Lo que más me llamó la atención es que una fuente muy importante de su riqueza viene de la industria aeroespacial.
Luego pasamos a una sala, la Sala de los Ilustres, en la que había esculturas de diversos personajes famosos relacionados con la ciudad de Toulouse. Entre ellos estaba Pierre de Fermat, el famoso matemático francés:
Después de esto, fuimos a ver la iglesia de Les Jacobins, que fue utilizada durante la Revolución Francesa por el Ejército. Era bastante chula, con una altas columnas que contrastaban con el aspecto masivo (de masa) del exterior (había más contrafuertes que pared desnuda). Las vidrieras eran muy curiosas: en la Revolución, fueron destruidas, así que hace unos pocos años se encargó a un artista unas nuevas. Las del lado Este tienen colores cálidos, mientras que las del lado Oeste los tienen fríos. Esto sirve para que la iglesia se ilumine de acuerdo con el lugar que ocupa el Sol en el cielo: rojiza por la mañana, y azulada por la tarde.

También era muy interesante la columna central, a la que llegan 22 nervaduras:
Cuando finalizó la visita fuimos a la orilla del Garona a comer. Casi todos llevábamos bocadillo, y casi todas las gaviotas que estaban diseminadas por las inmediaciones tenían hambre. Al cabo de un rato, teníamos cosas como ésta a un metro de nosotros:
Luego nos llevaron de vuelta al centro de la ciudad, donde nos dejaron libres para hacer lo que quisiéramos. Unos amigos y yo intentamos buscar una tienda de recuerdos, pero no veíamos ninguna. Por suerte, mientras la buscábamos nos recorrimos todo el centro, excepto la única calle en la que estaba las única tienda de souvenirs. Pero Murphy fue bueno, y no aplicó su ley sobre nosotros: a un cuarto de hora de ir al autobús para marcharnos, encontramos una tienda friki de merchandising (Star Wars, Harry Potter, etc…) en la que encontré el recuerdo perfecto: un muñeco del Doctor Zoidberg, de la serie Futurama.
Llegamos bastante tarde a Aire, pero después de cenar Mickael y yo nos quedamos hasta las 3 de la madrugada montando en su ordenador una tarjeta gráfica nueva. Lamentablemente, el driver no terminó de funcionar.
Sábado 20
Nos despertamos tarde, cerca de la una del mediodía. Estuvimos intentando reparar la tarjeta gráfica, pero no supimos. Más tarde fuimos a Capbreton, un pueblo de la costa, porque Mickael tenía partido de balonmano.
Nada más terminar el partido, volvimos a casa corriendo (bueno, no, que íbamos en coche y es peligroso), ya que a las 20:00 empezaba una fiesta en el colegio para los alumnos españoles y franceses del intercambio. Nosotros llegamos más tarde, a las 21:00, pero tampoco pasó mucho.
En la fiesta había un DJ que desentonaba un poco (un tipo bajito y rechoncho con una camiseta de Peugeot y que gritaba si te acercabas a menos de dos metros de él), unas 100 personas y mucha comida y bebida. La fiesta terminó cerca de las 23:00, no como el año pasado, que duró hasta la 01:00…

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mar 23 2010

Intercambio con Francia – Días 1 y 2

Como ya dije hace unos días (demasiados sin escribir, la verdad), me fui a Francia de intercambio unos días. De momento, pongo la crónica de los dos primeros:
Miércoles 17
Ppor la mañana salimos 50 personas (51 con el conductor) del Paraninfo de Zaragoza hacia Aire sur l’Adour para hacer un intercambio con la Cité Scolaire Gaston Crampe, de Francia. Íbamos de tres colegios, entre ellos el mío.
El viaje fue normal: largo pero con fin. A eso de las 15:30 llegamos al colegio, que era impresionante: tres pistas de volley y una de atletismo; campo de fútbol y de rugby; edificios diferenciados para Formación Profesional y el colegio; y un comedor enorme en el que, para entrar, era necesario teclear un código y poner la huella dactilar (era increíble).
Allí había una sala bastante grande, con pupitres separados con una sola silla, que ya estaba medio llena por los franceses. Yo iba hablando en la retaguardia del grupo, y cuando me fui a sentar, me di cuenta de que los pupitres que quedaban estaban sepultados por decenas de maletas y bolsas. Por suerte, estirando un poco, conseguí poner una silla en un lado del pasillo.
Después de una presentación del profesor de los franceses, comenzaron a decir los nombres de las parejas de correspondants. A mí no me tocó esperar mucho, ya que era por orden alfabético y Mickael se apellida Boudengen. Sin embargo, uno de mi clase tuvo que esperar una hora y cuarto porque ¡se le había olvidado ir a su francés!
Fuera estaba esperando la madre de Mickael, Patricia, que nos llevó en coche hasta la casa.
El apartamento estaba situado en el centro mismo del pueblo, que, aunque es pequeño (algo más de 6000 habitantes), es mejor que estar a 40 minutos en coche, como le tocó a alguno.
Allí dejé mis cosas, y después de presentarme al padre, Denis; y a Jonathan, el hermano, Mickael y yo estuvimos un rato con el ordenador (tampoco hubo que hacer muchas presentaciones, ya que había estado hablando con él por Facebook y Messenger desde hacía más de dos meses).
Después de eso, le acompañé al entrenamiento de balonmano, y yo estuve haciendo fotos fuera.
Por la noche, de postre, había una tarta de frambuesa que estaba buenísima (Framboisier).
Jueves 18
Nos levantamos pronto, a las 7 de la mañana (aunque tarde para algunos de los que vivían más lejos, que se levantaron a las 6).
El desayuno lo tomamos Mickael y yo en una mesa en la que los dos ocupábamos el 30%. El 70% restante estaba lleno de comida: cereales, galletas, croissants, gofres, mermelada, nocilla, brioche (en un formato que yo no había visto nunca: por fuera parecía pan de molde), zumo y leche. Después de comer y prepararnos, nos fuimos al colegio: él para ir a clase, y yo para montarme en el autobús que nos iba a llevar a los españoles a Pau.
En Pau vimos el castillo de Enrique IV (Château d’Henri IV), bastante majo, aunque pasaba algo curioso: el guía nos contó que Enrique sólo había ido un par de veces o tres, al igual que los demás monarcas que lo utilizaron en algún momento. Sin embargo, el edificio era muy lujoso (tenía más de 100 tapices, algunos con 5 kg de oro y plata).

En el castillo sólo hay tres enseres personales de Enrique: un ajedrez, un joyero y un caparazón de tortuga gigante. Este último era muy interesante: Henri IV lo utilizó como cuna cuando era pequeño, ya que se asociaba a las tortugas con la longevidad.
Tras la visita guiada, nos dejaron 20 minutos para ver la tienda de recuerdos, pero no compré nada.
Después volvimos en autobús al colegio, donde comimos con los franceses. El comedor era alucinante: tenían fuentes de leche, cintas transportadoras para dejar las bandejas, un sistema de desintegración de residuos y el acceso de alta seguridad que ya he nombrado arriba.
Después de comer tuvimos que ir una hora a la clase que le tocase al correspondant correspondiente (valga la redundancia). A mí me tocó asistir a ODP (Option Découverte Professionnelle). Es una asignatura relacionada con el trabajo: estudian distintos oficios y sus características, y cada evaluación trabajan en una tienda distinta.
Una cosa por la que se ve que Francia está más adelantada que España es los ordenadores. Todos los alumnos (creo que de la ESO) tienen un portátil (que, además, no estaba mal) en el que no sólo guardan los deberes, sino que utilizan para trabajar en las clases. Aunque también utilizan cuadernos, por ejemplo para Matemáticas (un tema en el que van también avanzados: mientras que aquí se da Trigonometría en 4º, allí es en 3º).
Cuando terminó la clase, fuimos a dar una vuelta para ver las instalaciones del colegio, y después los españoles cogimos un autobús que nos llevó a ver la iglesia de Santa Quiteria, de estilo románico-gótico. En principio, íbamos con visita guiada, pero por una confusión fuimos a las 15:30, mientras que la visita se había organizado para las 14:30.

Después nos dejaron sueltos por el centro del pueblo para verlo. Nuestro profesor de francés tuvo un problema y no pudo venir con nosotros, así que aprovechamos que estábamos todos juntos para hacerle un regalo: una botella de Armagnac y un libro sobre ídem. Yo además me compré una lata de paté al Armagnac (lo había probado ya en la cena del día anterior, y puedo asegurar que está muy bueno). También fuimos al parque, donde había una escultura muy curiosa:

Luego nos llevaron al colegio de vuelta, donde nos recogieron las familias. Después recogimos a Jonathan en su entrenamiento de baloncesto, y, tras un rato con el ordenador, cenamos y nos fuimos a dormir.

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