Fiesta, última visita a Chicago, Despedida (15-17/07)
Con esta entrada, un mes después de mi regreso, termino el relato de mis experiencias en Estados Unidos.
Jueves 15: Por la mañana estuve haciendo mi maleta, y pesándola cada 5 minutos. No fue especialmente interesante. Por suerte, sà lo fue lo que hice por la tarde: la encargada americana del viaje organizó una fiesta en su casa para los españoles, y las host families que quisieran. Hubo bastante comida y bebida, y nos lo pasamos mejor que en la primera fiesta, ya que no sufrÃamos los efectos del jet-lag. A eso de las 23:30 volvimos cada uno a nuestra casa, ya que tenÃamos que descansar para la excursión del dÃa siguiente (la última).
Viernes 16: por la mañana salà en tren a primera hora hacia el centro de Chicago. Allà nos reunimos con el resto del grupo, junto a la famosa Torre Sears (ahora Willis Tower). Debido al precio, y, en mi caso, a que ya habÃa subido a otro rascacielos desde el que las vistas eran mejores (Torre Hancock), algunos nos quedamos en la parte de abajo.
A las 12 habÃamos quedado con la coordinadora en otro edificio y, como se acercaba la hora y la mayor parte del grupo no habÃa salido aún de la torre, empezamos a pensar que ya se habrÃan marchado, que habrÃan supuesto que nos habÃamos ido ya… Asà que yo me puse algo nervioso, por lo que pregunté en recepción si habÃa algún teléfono por ahÃ. La recepcionista me dejó el suyo, pero el número al que llamé comunicaba, por lo que no conseguà nada. Sin embargo, la cosa “empeoró” cuando ella sacó su walkie-talkie y dijo algo asà como “¿Seguridad? Código 3, menor perdido”. Por suerte, en ese momento exacto emergieron por las escaleras mecánicas la monitora y el resto de españoles, por lo que se acabó la agobiante espera.
Una vez nos hubimos reunido con la coordinadora, nos dieron 3 horas de esparcimiento. Alejandro, Jaime y yo nos fuimos con dos franceses de cuyo nombre no puedo acordarme a la calle principal de Chicago, Michigan Avenue, pues estaba cortada por el rodaje de Transformers 3. Toda la avenida era un caos: habÃa un montón de curiosos, muchÃsimos policÃas, no se podÃa cruzar por algunas zonas… Nos obligaron incluso a bajar a una especie de calles inferiores que hay bajo el centro de Chicago: la “planta calle” está construida sobre una superficie, y debajo hay incluso entradas a hoteles, todo señalizado y con aceras; el resultado era de muy mala muerte.
Después de media hora atrapados en los sótanos de la ciudad, conseguimos emerger a la altura de Millenium Park. Allà nos pararon dos empleados ataviados con uniforme, y nos propusieron firmar y escribir nuestro correo electrónico en una hoja a cambio de que ellos nos diesen una bolsita de caramelos de colorines. Yo no quise ninguna de las dos cosas, pero insistieron en los caramelos, asà que los cogÃ. A los 10 metros estaban en la papelera.
Después quisimos ver algo más de Chicago, asà que cogimos un barco de transporte que recorre un buen tramo del rÃo Chicago, y aprovechamos para hacer fotos. Ya que el barco es un taxi (de hecho, se llamaba water taxi), el precio era muy reducido: 2$ por viaje. Ya que no nos bajamos en el destino, y volvimos directamente, el capitán, un señor muy majo, nos regaló la vuelta. Es un trayecto muy recomendable, ya que se ve la ciudad desde otra perspectiva.
Más tarde entramos en una biblioteca, y acto seguido nos reunimos de nuevo con el grupo. Cuando estuvimos todos juntos de nuevo, nos fuimos a un restaurante de Wok a por nuestra Última Cena; estaba bastante bien. El mejor momento fue cuando uno se fue al baño y le pusimos wasabi dentro de su comida, fue una lástima que se diera cuenta.
Ya por la noche, de vuelta en casa, me puse a dar los últimos retoques a mi maleta. Como hago siempre antes de meterlo todo dentro, dejo aparte todo lo que compré o me regalaron durante mi viaje:
Sábado 17: por la mañana cerré definitivamente mi maleta, y Lisa y yo estuvimos esperando a que llegasen los Fischer, quienes me iban a llevar al aeropuerto ya que su coche es mayor. Cuando llegaron, estuvimos un rato habladndo, y luego me despedà de Lisa, metà la maleta en el maletero, y dije adiós a Lombard.
Nosotros llegamos los primeros al aeropuerto. Allà me despedà de Susan, Abby, Claire y John; y al poco pasamos al interior del aeropuerto. ¡Hasta la próxima, Chicago!
Cabe destacar el muñeco (MatÃas) que hice en el avión, para el asombro de la tripulación, con las cajas de comida y diversas cosas que habÃa por el avión. ¡Incluso podÃa abrir y cerrar la boca con un mecanismo hecho con tenedores!