En El Burgo Ranero

1 de Septiembre de 2010

Bueno, voy a comentar por aquí la jornada de hoy:

Nos hemos levantado a las 5:30, y a las 7 ya habíamos salido de Hospital de Órbigo, para hacer una etapa de 37 kilómetros (aunque al final han resultado ser 39). Al principio se me ha hecho algo pesado porque llevaba los pies algo tocados, pero al cabo de un rato he entrado en calor y he ido bastante bien. Además, he descubierto que marcar un ritmo (Un, dos, un, dos) aligera bastante.

Hemos pasado por Astorga, y ya cuando nos acercábamos a nuestro destino (a unos 7 km) ha empezado a llover. No era mucho problema, ya que contábamos con capas y algunos con botas de Gore-Tex, pero la verdad es que la lluvia cansa.

Al llegar al albergue nos han recibido muy bien, y yo ya he pasado a la ducha. Había tres, una de ellas muy limpia para la cantidad de gente que hay en el albergue. Si pensármelo, he entrado en esta. Ya cuando estaba preparado  dar el agua, me he dado cuenta de que el grifo sólo tenía dos posiciones: Cerrado y Helada. Resulta que tienen agua de manantial (por lo menos tiene que estar a 4º), y yo me he duchado acordándome de la madre del pozo, y pensando en lo poco avanzado que estaba ese pueblo.

Al terminar de ducharme, mi padre me dice que su ducha salía demasiado caliente. Vamos, que soy el único pardillo que se ha duchado con agua helada teniendo dos hermosas duchas con agua templada. En fin…

Ya me queda menos para volver; por aquí todo va bien.

En El Burgo Ranero, de peregrino

28 de Agosto de 2010

Como ya sabéis, estoy haciendo el Camino de Santiago (a tramos, cuando hay vacaciones). Hoy hemos llegado a El Burgo Ranero, un pueblo de la provincia de León, tras una etapa de 30 kilómetros. Para estrenar los pies desde hace bastante tiempo, ha ido relativamente bien.

Anoche cenamos con otro peregrino, o más bien un habitante del camino. Conozco a mucha gente que no hace etapas muy largas, pero él se lleva la palma: el último día que caminó (porque llevaba ya unos días en el albergue en que paramos) hizo 3 kilómetros. Toma ya.

Bueno, aunque sea una locura, son ya las 21:20 y se va haciendo hora de irse a la cama (hoy estaba despierto/zombie antes de que saliera el Sol). Así que, hasta dentro de unos días, por aquí las entradas no creo que sean muy extensas (o sí, si paro en un pueblo con Internet, cosa fácil, y que sea realmente pequeño).

Fiesta, última visita a Chicago, Despedida (15-17/07)

27 de Agosto de 2010

Con esta entrada, un mes después de mi regreso, termino el relato de mis experiencias en Estados Unidos.

Jueves 15: Por la mañana estuve haciendo mi maleta, y pesándola cada 5 minutos. No fue especialmente interesante. Por suerte, sí lo fue lo que hice por la tarde: la encargada americana del viaje organizó una fiesta en su casa para los españoles, y las host families que quisieran. Hubo bastante comida y bebida, y nos lo pasamos mejor que en la primera fiesta, ya que no sufríamos los efectos del jet-lag. A eso de las 23:30 volvimos cada uno a nuestra casa, ya que teníamos que descansar para la excursión del día siguiente (la última).

Viernes 16: por la mañana salí en tren a primera hora hacia el centro de Chicago. Allí nos reunimos con el resto del grupo, junto a la famosa Torre Sears (ahora Willis Tower). Debido al precio, y, en mi caso, a que ya había subido a otro rascacielos desde el que las vistas eran mejores (Torre Hancock), algunos nos quedamos en la parte de abajo.

442 metros de acero y cristal.

A las 12 habíamos quedado con la coordinadora en otro edificio y, como se acercaba la hora y la mayor parte del grupo no había salido aún de la torre, empezamos a pensar que ya se habrían marchado, que habrían supuesto que nos habíamos ido ya… Así que yo me puse algo nervioso, por lo que pregunté en recepción si había algún teléfono por ahí. La recepcionista me dejó el suyo, pero el número al que llamé comunicaba, por lo que no conseguí nada. Sin embargo, la cosa “empeoró” cuando ella sacó su walkie-talkie y dijo algo así como “¿Seguridad? Código 3, menor perdido”. Por suerte, en ese momento exacto emergieron por las escaleras mecánicas la monitora y el resto de españoles, por lo que se acabó la agobiante espera.

Una vez nos hubimos reunido con la coordinadora, nos dieron 3 horas de esparcimiento. Alejandro, Jaime y yo nos fuimos con dos franceses de cuyo nombre no puedo acordarme a la calle principal de Chicago, Michigan Avenue, pues estaba cortada por el rodaje de Transformers 3. Toda la avenida era un caos: había un montón de curiosos, muchísimos policías, no se podía cruzar por algunas zonas… Nos obligaron incluso a bajar a una especie de calles inferiores que hay bajo el centro de Chicago: la “planta calle” está construida sobre una superficie, y debajo hay incluso entradas a hoteles, todo señalizado y con aceras; el resultado era de muy mala muerte.

Lo del fondo es humo, y la calle estaba llena de cascotes.

Después de media hora atrapados en los sótanos de la ciudad, conseguimos emerger a la altura de Millenium Park. Allí nos pararon dos empleados ataviados con uniforme, y nos propusieron firmar y escribir nuestro correo electrónico en una hoja a cambio de que ellos nos diesen una bolsita de caramelos de colorines. Yo no quise ninguna de las dos cosas, pero insistieron en los caramelos, así que los cogí. A los 10 metros estaban en la papelera.

¿Se parece al Guggenheim? Es que es del mismo arquitecto.

Después quisimos ver algo más de Chicago, así que cogimos un barco de transporte que recorre un buen tramo del río Chicago, y aprovechamos para hacer fotos. Ya que el barco es un taxi (de hecho, se llamaba water taxi), el precio era muy reducido: 2$ por viaje. Ya que no nos bajamos en el destino, y volvimos directamente, el capitán, un señor muy majo, nos regaló la vuelta. Es un trayecto muy recomendable, ya que se ve la ciudad desde otra perspectiva.

Geek on the Chicago River

Más tarde entramos en una biblioteca, y acto seguido nos reunimos de nuevo con el grupo. Cuando estuvimos todos juntos de nuevo, nos fuimos a un restaurante de Wok a por nuestra Última Cena; estaba bastante bien. El mejor momento fue cuando uno se fue al baño y le pusimos wasabi dentro de su comida, fue una lástima que se diera cuenta.

Ya por la noche, de vuelta en casa, me puse a dar los últimos retoques a mi maleta. Como hago siempre antes de meterlo todo dentro, dejo aparte todo lo que compré o me regalaron durante mi viaje:

A ver si encontráis todo lo que hay :)

Sábado 17: por la mañana cerré definitivamente mi maleta, y Lisa y yo estuvimos esperando a que llegasen los Fischer, quienes me iban a llevar al aeropuerto ya que su coche es mayor. Cuando llegaron, estuvimos un rato habladndo, y luego me despedí de Lisa, metí la maleta en el maletero, y dije adiós a Lombard.

Nosotros llegamos los primeros al aeropuerto. Allí me despedí de Susan, Abby, Claire y John; y al poco pasamos al interior del aeropuerto. ¡Hasta la próxima, Chicago!

Cabe destacar el muñeco (Matías) que hice en el avión, para el asombro de la tripulación, con las cajas de comida y diversas cosas que había por el avión. ¡Incluso podía abrir y cerrar la boca con un mecanismo hecho con tenedores!

En plateado, los nombres de todos los españoles del grupo.

Cómo se ven los usuarios de Linux, Windows y Mac

26 de Agosto de 2010

Qué hipócritas, a veces... (clic para ampliar)

Visto en Facebook

Tectónica dental

24 de Agosto de 2010

El otro día tuve un sueño bastante curioso: en Sudamérica se producía un terremoto que se propagaba hasta España, y la onda expansiva me deformaba la dentadura dejándola como estaba antes de que llevase aparato. Inquietante.

Good Omens (Buenos Presagios), de Terry Pratchett y Neil Gaiman

23 de Agosto de 2010

Me compré en Estados Unidos este libro sin saber de qué iba. Tan sólo vi que los autores eran Terry Pratchett (del que soy fan incondicional) y Neil Gaiman (del que había oído hablar bien), así que me decidí a comprarlo (además, el hecho de que estuviese rebajado también jugó un papel importante).

Es, principalmente, un libro de humor que trata sobre el inminente Apocalipsis. En él encontramos una curiosa pareja de un ángel y un demonio a los que les gusta demasiado la Tierra como para que sea destruida, un Anticristo que no aparece por ningún lado, jinetes del Apocalipsis vendiendo comida basura, un decrépito Ejército Anti-Brujas y … Pero, aunque la mayoría de los personajes ignoran el futuro, todo fue predicho y recogido por la bruja Agnes Nutter en el único libro de profecías correctas.

Este libro me ha encantado: Pratchett y Gaiman consiguen escribir un libro original a partir de tema tan trillado como lo es del Apocalipsis, con grandes dosis de humor del que te hace reír solo y unos personajes muy bien desarrollados.

Algo curioso del libro es que las profecías de Agnes Nutter (recordad que yo he leído el libro en inglés) están en inglés del S. XVII, por lo que he aprendido bastantes vocablos arcaicos de este idioma.

En resumen, una obra maestra en forma de comedia en la que se entrelazan los diversos personajes a la perfección.

La seguridad de la Cámara del Oro del Banco de España

22 de Agosto de 2010

Navegando por Internet me he encontrado con este pequeño documental (2:01) sobre la Cámara del Oro del Banco de España. Los datos impresionan por sí solos: más de 5000 lingotes y unos 2 millones de monedas de oro, un puente retráctil… y un dato que me ha impactado: en caso de alarma, las dependencias se sellan y el agua destinada a la famosa Cibeles se canaliza automáticamente hacia las salas, inundándolas.

Intentando clonar objetos con estaño y escayola (tras un largo proceso mental)

19 de Agosto de 2010

Llevo unos días con la idea en la cabeza de clonar objetos, principalmente engranajes de Lego.

Al principio pensé en utilizar estaño y madera. Para probarlo, hice a mano un molde de madera con el isotipo de Ubuntu. La verdad, muy viable no era: para cada pieza necesitaba escarbar durante mucho rato, y la precisión no era muy alta. Sin embargo, llegué a hacer un modelo con un parecido bastante razonable al original.a

Más tarde estuve investigando, y pensé que utilizar plástico fundido sería una buena idea. Se me ocurrió que, empleando láminas de plástico de botellas y una sandwichera ligeramente modificada podría conseguir plástico líquido, pero mi madre me disuadió aduciendo que era peligroso. Bueno, vale, reconozco que una sandwichera no es muy manejable, pero sí la idea que me sugirió mi padre: un cazo metálico, calentado en horno de gas. Esta idea me pareció mejor, pero a mi madre le siguió sin gustar la idea, por lo que, de momento, está algo aparcada.

Más adelante surgió la idea de emplear escayola como molde, y tras un intento fallido con Aquaplast y una primera toma de contacto con la escayola verdadera, hoy me he venido al chalet para intentar replicar un engranaje. Fracaso casi total. Sin embargo, he estado intentando clonar una llave, y ahí me ha ido mejor. Sin embargo, el estaño es demasiado difícil de manejar (cuando terminas de fundir la última parte el comienzo ya está sólido, y la tensión superficial es increíble), así que tendré que pensar en utilizar moldes de silicona y algún tipo de resina como relleno.

El escudo de armas de Rutherford

17 de Agosto de 2010

Después de 4 días montando en bici, haciendo excursiones y viendo la vida de Ezcaray, un pueblecito muy majo de La Rioja, vuelvo a la vida normal.

Ernest Rutherford, el padre de la física nuclear, fue condecorado con el título de Lord como premio por sus méritos. A diferencia de la mayoría de escudos de nobles, que suelen contener la típica flor de lis y una torre, el suyo contenía ciertos elementos realmente curiosos, un tributo a la Ciencia y a su país natal:

Comencemos por el exterior. El lema, Primordia Quarere Rerum, ( “Buscar la naturaleza de las cosas”) es un ejemplo de la inquietud por saber de Ernest. Pasando al timbre, encontramos un kiwi, el animal insignia de Nueva Zelanda, la patria de Rutherford. En los lados aparecen Hermes Trismegistus, el patrón de los alquimistas y del conocimiento; y un guerrero maorí.

Pasando al blasón propiamente dicho, vemos dos pájaros en sendas áreas amarillas. Si nos fijamos bien, podemos ver que el escudo se encuentra dividido en cuatro zonas rojas y amarillas por dos líneas: las curvas del crecimiento y decaimiento de la radiactividad, dos gráficas exponenciales.

Si queréis saber más sobre E. Rutherford, aquí hay una biografía bastante buena.

Experimento sencillo: cómo alterar el sentido del oído

14 de Agosto de 2010

Hoy estaba bañándome en la piscina cuando he descubierto algo bastante curioso, que sirve para ilustrar un par de cosas.

Cuando se produce un sonido, las ondas se propagan por el aire desde el origen en todas direcciones. Si nuestro oído está lo suficientemente cerca, el sonido hace vibrar el tímpano, y, tras pasar por una cadena de huesecillos, nervios y demás partes de nuestro cuerpo, llega a nuestro cerebro. Además, según la intensidad con la que recibamos el sonido en cada oído, nuestro cerebro interpreta bastante bien el lugar en el que se inició el sonido.

Por otra parte, cuando la onda viaja por un medio determinado (no tiene por qué ser aire), lo hace a una velocidad que depende de la densidad del material. De este modo, el sonido se transmite mucho más rápido por una vía de tren que a través del aire.

Aclarados estos puntos, paso a explicar el experimento en sí:

Materiales

  • 1 recipiente con agua (una piscina es lo ideal, aunque también valdrá una bañera)
  • 1 reloj sumergible con posibilidad de emitir sonidos
  • 2 oídos

Estando fuera del agua y con los ojos cerrados, cuando pulsamos uno de los botones del reloj para hacer sonar un pitido, podemos decir sin problemas si el reloj está cerca o lejos. Supongamos que hacemos esto con los brazos estirados. Aproximadamente, se puede decir dónde está el reloj.

Pero si ahora nos metemos en la piscina (o sumergimos la cabeza en el recipiente con agua de vuestra elección) con el reloj, y pulsamos el botón (estando el conjunto persona-reloj bajo agua) con los brazos extendidos, nos parecerá que el reloj está justo al lado de nuestra oreja.

La velocidad del sonido en el agua es 4 veces la de éste en el aire, por lo que, a efectos sensoriales, el reloj estará a un cuarto de la distancia de nuestros oídos.