jul 18 2011

En Bilbao

Luego os lo cuento con detalle, pero sabed que ahora me hallo en Bilbao, gracias a la beca de los Campus Científicos de Verano.  Por cierto, ¡volví sano y salvo de Chicago!

Ahora me toca ir a la presentación oficial, recemos porque no sea soporífera. Por la noche escribo más.


jun 24 2011

Témeme, Chicago!

Pues eso, en la T4 me hallo. Y dentro de un rato os dejaré físicamente tranquilos :P


may 5 2011

Consejos para leer por la calle

Ya que ha llegado el buen tiempo y el ángulo de incidencia de los rayos solares todavía no es muy pronunciado, me parece conveniente comentaros las muchas bondades de la útil afición de leer por la calle, así como daros algunas indicaciones para que aunéis lo mejor de vuestros paseos vespertinos con las obras más selectas en edición bolsillo.

Quizá hayáis intentado leer alguna vez mientras caminabais, o bien ya sois unos expertos en el tema y podéis recorrer kilómetros con El Quijote. O también podría ser que no os guste leer, en cuyo caso podéis entreteneros un rato aquí. En cualquier caso, no podéis negar que a una actividad tan saludable como lo es dar un un paseo de casa al trabajo le falta algo de emoción. En caso de que os guste ir mirando los escaparates, perfecto. Pero si conocéis de memoria la posición en la escala de Mohs de cada uno de los adoquines y podríais recorrer el trayecto con los ojos cerrados (habilidad muy útil para leer andando, todo hay que decirlo), o bien no os importan las últimas ofertas en patucos, ¡la lectura será vuestra nueva compañera de viaje!

Visto lo visto, seguro que ahora estáis deseando salir a la calle y devorar unos cuantos capítulos del primer folleto de  supermercado que encontréis. Pero, ¡atención! Yo no he dicho que vaya a ser sencillo. De hecho, para ilustrar los peligros de este deporte, me pondré a mí mismo como ejemplo:

Comienzos de julio de 2004. El joven Juan iba tranquilamente al cumpleaños de su primo pequeño y, ya que el trayecto era aburrido,  caminaba leyendo un libro. Sin embargo, todavía no había desarrollado la capacidad de leer andando sin chocarse. La consecuencia más visible de este hecho fue un chichón en su frente. La que menos, una ligera inclinación de un semáforo.

Evidentemente, si por aquel entonces hubiese dominado la técnica, mi volumen craneal no habría aumentado tan repentinamente. Por eso, pongo a disposición de todos los pequeños Juanes que hay por el mundo una serie de consejos que harán de la lectura en peregrinación una práctica menos peregrina.

  • Lo primero, y más importante, es el libro. Me parece bien que coleccionéis libros de canto gregoriano pero, como podréis comprender, no resulta viable llevar el facistol a cuestas. Así que haceos con un libro de bolsillo, a poder ser de tapa blanda y de un tamaño que permita guardarlo cómodamente en los bolsillos. Aunque es cierto que ésta es una práctica más apropiada para invierno, ya que se suele llevar abrigo (lo cual permite almacenar tres libros cómodamente), no suele haber ningún problema en llevar un ejemplar reducido en el bolsillo del pantalón. Lo ideal sería un pantalón con bolsillos en las rodillas, aunque son una prenda de ropa no muy común en comparación con los vaqueros.
  • A continuación, la técnica: si estoy escribiendo esto, es porque hay que modificar ligeramente la postura del cuerpo para poder leer y no estamparse contra el primer viandante inocente que no veamos. En realidad, resulta muy sencillo: el tronco ha de estar completamente vertical (como lo estaría si anduvieseis con normalidad; no hace falta ser un Ent), al igual que el cuello. Nada de inclinar el cuello hacia abajo, pues entonces estaríais mirándoos a los pies y eso aumenta drásticamente las posibilidades de que tengáis una charla brusca con el pobre viandante de marras. Lo que hay que hacer es elevar los brazos y mantener el libro a la altura de la cara, como si quisierais que nadie os viese mascando chicle. Lógicamente,el libro no debería taparos los ojos, porque si no estamos en las mismas. Mejor dejar la parte de arriba del libro cerca de la punta de la nariz, y no moverla mucho (el borde del libro; con la nariz podéis haceros un nudo si queréis). Esto os permitirá leer el libro cómodamente, permitiendo que vuestro cerebro os avise en cuanto vea aparecer un obstáculo en la zona superior del campo de visión.
  • Si ya os sabéis el camino, aprovechad los semáforos en rojo para leer con el cuello doblado, que si no se puede acabar cansando de estar todo el rato quieto. Para los vagos, recomiendo apoyarse en el propio semáforo, pero únicamente con el hombro a una altura prudencial y con las piernas cruzadas sin tocar el poste (esto impide que los posibles fluidos de la mascota del vecino hagan que vuestras perneras acaben descoloridas).
  • Además de por el abrigo, leer en los meses fríos tiene la ventaja de que la luz no daña demasiado la vista. Si leéis en ciudad, intentad ir por la acera en la que haya más sombra en ese momento, y leed únicamente por las zonas de sombra. De este modo vuestros ojos no sufrirán cuando paséis de una calle con una agradable penumbra a otra completamente iluminada (además, a esto se le añade un inconveniente del papel: es blanco, y el color blanco refleja. No llega a ese extremo, pero hay gente que se ha quedado ciega por esquiar sin gafas a causa del brillo de la nieve). Aunque personalmente no me gusta mucho la luz del sol, no estoy siendo prejuicioso: realmente hace pupa que tu agradable página mate se convierta en un flash de cámara de unos cuantos lúmenes de intensidad.
  • Finalmente, os recomiendo mirar a vuestro alrededor en busca de móviles (o no, véase la anécdota del semáforo) con los que podríais chocar: cada página o media ídem alzad la cabeza y escanead, que más vale prevenir que curar.

Y ahora que os he aleccionado convenientemente, esperad a que descienda el Sol y quemad unas cuantas neuronas y calorías con vuestra nueva habilidad adquirida (no hablemos ya de la imagen de persona interesante que infundiréis en el barrio), que el verano está próximo y no viene mal perder un poco de masa. Cerebral.


mar 24 2011

Breve crónica de una no tan breve post-operación

Tampoco es que esté siendo muy larga, pero la verdad es que me está resultando algo incómoda por las molestias de la cara.

Tras la operación, me eché una siesta y me desperté con los efectos de la anestesia. Sentía toda la cara como un trapo, y únicamente podía intuir que tenía dientes. Aunque era una sensación bastante inquietante (¿alguna vez os han dormido la boca en el dentista? Pues esto era más fuerte y por toda la cara), al menos no sentía dolor. Realmente, no he llegado a sentir dolor propiamente dicho en ningún momento, simplemente una mezcla entre irritación/escozor/cosquilleo por toda la cara que resulta muy molesta porque no me puedo rascar, lo cual es casi más engorroso.

Por la tarde vinieron a verme familia y amigos, así que estuve bastante entretenido. Por la noche vi una peli en mi ebook, y ya me fui a dormir hasta la mañana siguiente. Me despertaron las enfermeras, que me quitaron el vial del gotero, con la mala suerte de que se les resbaló y a una le saltó un chorro de sangre de un servidor por toda la bata. Cambiando el decorado, podría haber pasado por película de zombies.

Al día siguiente, martes, me dieron el alta sobre las 11 de la mañana, y ya me fui a casa. Estuve remoloneando un poco, pero la cara empezaba a molestar.

Sin duda alguna, ayer fue el peor día: las heridas estaban supurando y empezando a cerrarse, y yo sin poder rascarme. Total, que por la tarde ya estaba nervioso perdido, sin saber bien qué hacer. Después de dar muchas vueltas en la cama, me logré dormir, pero he pasado una noche bastante mala (me he estado despertando toda la noche, poniéndome bien las vendas, etc).

Hoy la cosa ha ido mejor, con las heridas cerrándose, pero me parece que aún me quedan unos cuantos días de incomodidades. Pero ya se sabe: para presumir, hay que sufrir.

Por cierto, la imagen que da comienzo a estas líneas no me hace justicia.


mar 21 2011

Breve crónica de una operación

Estoy bien. La motosierra escocía un poquito, pero con la morfina se me ha pasado.
Ahora en serio (dentro de lo que cabe), la operación ha ido muy bien: ha sido relativamente breve, no me han provocado dolores insufribles (también es cierto que hasta hace un par de horas mi boca parecía un trapo), y me lo pasado “bien”. Lo más curioso ha ocurrido cuando me han empezado a quemar: un apetecible aroma a carne churruscada se ha abierto paso a través de la anestesia, y le ha hecho pensar a mi estómago (que llevaba 15 horas sin probar bocado) en un buen plato de costillas.
Así que ahora estoy aquí tranquilamente, ya plenamente consciente y saciado. Dentro de un poco me iré a dar un paseo (ya estoy preparando la mochila y el saco de dormir) hasta… la otra punta del pasillo.
¡Gracias a Juan, Rafalillo, José Antonio y a los anónimos por los ánimos!


dic 20 2010

IX Salón del Cómic

Como los 8 años anteriores, el fin de semana antes de Navidad se ha celebrado en la sala multiusos del Auditorio de Zaragoza el IX Salón del Cómic.

Este año, por primera vez, decidí apuntarme al concurso de cosplay: disfrazarse de personajes de cómic, manga o anime. Sencillamente, ha sido genial. Me hice un traje de Rorschach, el famoso personaje de Watchmen, obra maestra de Alan Moore. En principio, íbamos a ir 4 disfrazados de Watchmen, pero por diversos motivos acabamos disfrazándonos sólo dos, de Rorschach (el que aparece el primero) y Dr. Manhattan (el azul):

Hay que reconocer que mi disfraz resultó bastante sencillo, pues tuve la suerte de contar con casi todo el material. También tengo que admitir que la máscara, aunque parece que sea muy cómoda, reduce bastante la visión, especialmente si hay focos apuntándote.

Este año me he comprado varias cosas, a saber: un par de cómics de los conejitos suicidas, una camiseta de Darth Vader (punto friki: ni siquiera sale su cara, sólo el sintetizador de voz que lleva en el pecho), un peluche de Yoda, otro de Luigi, y varios pines.

Y ahora, lo que estabais esperando: ¡las fotos de Rorschach! (brevemente comentadas).