jul 5 2011

¡Estoy vivo!

Lo primero de todo, ¡feliz 4 de julio! Bueno, teóricamente ha acabado hace 24 minutos, pero todavía se siguen oyendo petardos en la lontanza.

“Juan no ha publicado nada últimamente, ¿se habrá olvidado del blog?”, os preguntaréis. Pues no, de hecho soy muy consciente de que el año pasado publiqué varias entradas -bastante elaboradas, todo hay que decirlo- durante mi estancia en el país de las barabacoas y de que este año ésta es la primera, pero todo tiene su explicación: el verano pasado iba con un grupo, lo cual implica una organización que planea actividades (que dejan mucho tiempo de ocio) para el día a día, amén de ser responsable de la estancia de los estudiantes. Además, mi familia del año pasado era un tanto peculiar, y yo no salía mucho de casa.

Sin embargo, este año he venido por mi cuenta gracias a que los Fischer -la familia anfitriona de una chica del grupo del año pasado- me han acogido. Y bueno, siendo el sexto brother de la familia, la verdad es que no tengo mucho tiempo libre. Ahora bien, me lo estoy pasando genial, y estoy hablando más inglés que nunca -ésta es la ventaja de ir sin una organización: no hay españoles con los que tener facilidad de palabra; no obstante, Susan, la madre, es profesora de español, pero no lo habla a menudo-, así que supongo que las entradas de blog tendrán que esperar a la vuelta. De todas formas, no esperéis gran cosa, ya que el año pasado conté prácticamente todo acerca de lo monumental-turístico que tiene Chicago, y esta vez se trata de un viaje de inmersión en familia a tiempo completo (con todo lo que ello conlleva). De todos modos, os dejo con estas fotos (¿alguien adivina con qué o quién salgo?) para que veáis lo sano que estoy; las fotos con gente tendrán que esperar ya que están en la cámara de Claire.

No sé cuándo volveré a publicar, al fin y al cabo ya he pasado el ecuador de mi viaje. Con algo de suerte lo volveré a hacer antes de que me marche, pero si no lo hago, sabed que me hallo estupendamente.

Y hubo gran regocijo.


jun 4 2011

Con ganas de terminar 1º de Bachillerato

Si tuviese que definir con un solo adjetivo el curso que estoy acabando, elegiría “tedioso”. A pesar de la supuesta dificultad del Bachillerato (que no es tal; simplemente hay que estudiar a diario y casi ni eso), este último año ha sido de los más aburridos que recuerdo. La verdad es que no hay un único motivo, sino que se debe a varios factores.

Por un lado, el curso está orientado al repaso general de todo lo que se ha visto durante la ESO, lo cual es muy útil para gente que tenga lagunas en sus conocimientos. Pero entonces, ¿qué hacen los que tienen únicamente charcos? ¿Atender a explicaciones que llevamos escuchando desde hace dos años? Quizá al principio sí. Pero cuando llevas más de 5 meses (hablo en términos generales, esto es más marcado en unas asignaturas que en otras) recordando conceptos “olvidados”, el interés se esfuma. Y justo cuando empieza la acción, el curso se acaba.

También cuenta mucho el modo en que se enfoca la asignatura. Pongamos el ejemplo de Matemáticas: una materia que puede resultar apasionante (de acuerdo, quizá para algunos no lo sea, pero la culpa no es suya) se convierte en cuatro horas semanales de ejercicios repetitivos, y ya. Precisamente hoy era la sesión de clausura del Taller de Talento Matemático, y el ponente ha realizado una presentación acerca de la Historia de las Matemáticas: he aprendido más en esos 60 minutos que en dos semanas de clase. Lo admito, es necesario saberse la teoría para poder realizar la práctica, pero el problema es que no hay práctica. Porque, en realidad, los “problemas” que se hacen no son nada problemáticos: son meros ejercicios camuflados. En Geometría quiero sangakus, no calcular chorromil veces lo que mide la sombra de un edificio.

Y esto es ya más personal, pero yo echo de menos la asignatura de Tecnología, una de las pocas en las que se puede tener cierta creatividad. Este curso, estirando mucho, se podría salvar Lengua gracias a los comentarios de texto en los que un servidor puede despotricar un poco más. Pero lo que es cierto es que la creatividad está muy olvidada (aún no la he visto, pero mucha gente me ha recomendado esta charla TED sobre el tema).

Ahora que tengo mi horario encima de la mesa, estoy viendo que en muchas asignaturas pinto poco:

  • Inglés: no sé ni por qué voy. Año tras año se dan los mismos tiempos verbales. Realmente, es mi clase de lectura.
  • Francés: de entrada, la programación de la asignatura está pensada como un repaso de la ESO. ¿Estudiar? ¡Ja!
  • Filosofía: qué se le va a hacer, no me atrae especialmente estar 9 meses aprendiendo memorizando diversas teorías políticas.

Por suerte me queda Dibujo Técnico, mi preferida de este año. No permite una gran expresividad, pero la verdad es que se agradece poder dibujar un rato. Comparado con otras como Filosofía es una auténtica liberación.

En fin, ya queda menos para el verano, y no tanto para 2º de Bachillerato. Parece que promete un poco más: las Mates son más entretenidas, tendré Electrotecnia, Física será sólo Física y no “Física y Química” (aunque, ahora que no me oye nadie, tengo que admitir que le he acabado cogiendo cierto cariño), me quito Francés y Ciencias del Mundo…

Seguiremos informando.


may 28 2011

Concierto de Los Gandules

Hace unos minutos he vuelto a casa tras asistir a mi primer concierto de Los Gandules, un grupo maño que se dedica a hacer versiones humorísticas de canciones conocidas. La puesta en escena, muy elaborada, consiste en los dos cantantes en albornoz tumbados en un sofá y bebiendo cerveza. Además, las innumerables horas que dedican a ensayar se notan: en algunas canciones únicamente se detienen a comentar cómo van las obras del tranvía. Sin embargo, la genialidad de esta banda no radica en la profesionalidad (aunque hay que admitir que tocan decentemente), sino en cómo son sus canciones. Si tuviese que clasificarlos, los metería antes en la categoría de humoristas que en la de músicos.

En definitiva, un concierto que ha hecho que, a su lado, las canciones “oficiales” en MP3 sean una copia barata. Si queréis, aún podéis asistir mañana a la última actuación de “Los Gandules y su Circo de Col“, nombre que recibe esta gira concreta. En la Sala Morrissey (Zaragoza) por 9€.

Aunque ya digo que no les hace justicia, os dejo con una de sus canciones, “La Década Apestosa I”:


may 20 2011

Mi primera aparición en televisión – Museo Tecnológico

Pues sí, con motivo de las fiestas de mi colegio (Cardenal Xavierre), hemos montado esta semana una exposición sobre nuevas y viejas tecnologías, abarcando temas como instrumentos de física, ordenadores, videoconsolas… Podéis echar un breve vistazo aquí:

No se me ve mucho, pero sí se me oye. Si queréis pasar a verla, mañana estará abierta por la tarde. ¡Estáis todos invitados!


may 10 2011

El significado oculto de “La Creación” de Miguel Ángel

creación de miguel ángel

Situada en el techo de la Capilla Sixtina, esta obra de arte apenas necesita presentación. Aunque es una de sus obras maestras, al joven Miguel Ángel no le hizo mucha gracia. Sin embargo, llenó su creación (en ambos sentidos) de significados ocultos. He aquí dos de ellos, quién sabe si hay más:

Cerebro

En la época de Miguel Ángel, estaba prohibido diseccionar cadáveres. Sin embargo, él lo hacía (al igual que muchos de sus contemporáneos) y se vengó de la prohibición poniendo al propio Dios encima de ¡un cerebro!

Cerebro creación miguel ángel

Otros autores afirman que se trata de un útero con el cordón umbilical.

La Creación de Eva

Como se cuenta en el Génesis, Eva fue creada de la costilla de Adán. Aunque no es el mismo hueso, también se percibe que la pierna derecha de Adán es en realidad el busto estilizado de una mujer:

Creación de Miguel Ángel: la pierna de Adán es Eva.

Incluso he mejorado la obra, ¿no creéis?

Pensando en un proyecto para el futuro, os hago una pregunta: ¿qué os parece este tipo de entradas? ¿Os gustaría que las escribiese más a menudo? ¡Hacédmelo saber por un comentario!


may 5 2011

Consejos para leer por la calle

Ya que ha llegado el buen tiempo y el ángulo de incidencia de los rayos solares todavía no es muy pronunciado, me parece conveniente comentaros las muchas bondades de la útil afición de leer por la calle, así como daros algunas indicaciones para que aunéis lo mejor de vuestros paseos vespertinos con las obras más selectas en edición bolsillo.

Quizá hayáis intentado leer alguna vez mientras caminabais, o bien ya sois unos expertos en el tema y podéis recorrer kilómetros con El Quijote. O también podría ser que no os guste leer, en cuyo caso podéis entreteneros un rato aquí. En cualquier caso, no podéis negar que a una actividad tan saludable como lo es dar un un paseo de casa al trabajo le falta algo de emoción. En caso de que os guste ir mirando los escaparates, perfecto. Pero si conocéis de memoria la posición en la escala de Mohs de cada uno de los adoquines y podríais recorrer el trayecto con los ojos cerrados (habilidad muy útil para leer andando, todo hay que decirlo), o bien no os importan las últimas ofertas en patucos, ¡la lectura será vuestra nueva compañera de viaje!

Visto lo visto, seguro que ahora estáis deseando salir a la calle y devorar unos cuantos capítulos del primer folleto de  supermercado que encontréis. Pero, ¡atención! Yo no he dicho que vaya a ser sencillo. De hecho, para ilustrar los peligros de este deporte, me pondré a mí mismo como ejemplo:

Comienzos de julio de 2004. El joven Juan iba tranquilamente al cumpleaños de su primo pequeño y, ya que el trayecto era aburrido,  caminaba leyendo un libro. Sin embargo, todavía no había desarrollado la capacidad de leer andando sin chocarse. La consecuencia más visible de este hecho fue un chichón en su frente. La que menos, una ligera inclinación de un semáforo.

Evidentemente, si por aquel entonces hubiese dominado la técnica, mi volumen craneal no habría aumentado tan repentinamente. Por eso, pongo a disposición de todos los pequeños Juanes que hay por el mundo una serie de consejos que harán de la lectura en peregrinación una práctica menos peregrina.

  • Lo primero, y más importante, es el libro. Me parece bien que coleccionéis libros de canto gregoriano pero, como podréis comprender, no resulta viable llevar el facistol a cuestas. Así que haceos con un libro de bolsillo, a poder ser de tapa blanda y de un tamaño que permita guardarlo cómodamente en los bolsillos. Aunque es cierto que ésta es una práctica más apropiada para invierno, ya que se suele llevar abrigo (lo cual permite almacenar tres libros cómodamente), no suele haber ningún problema en llevar un ejemplar reducido en el bolsillo del pantalón. Lo ideal sería un pantalón con bolsillos en las rodillas, aunque son una prenda de ropa no muy común en comparación con los vaqueros.
  • A continuación, la técnica: si estoy escribiendo esto, es porque hay que modificar ligeramente la postura del cuerpo para poder leer y no estamparse contra el primer viandante inocente que no veamos. En realidad, resulta muy sencillo: el tronco ha de estar completamente vertical (como lo estaría si anduvieseis con normalidad; no hace falta ser un Ent), al igual que el cuello. Nada de inclinar el cuello hacia abajo, pues entonces estaríais mirándoos a los pies y eso aumenta drásticamente las posibilidades de que tengáis una charla brusca con el pobre viandante de marras. Lo que hay que hacer es elevar los brazos y mantener el libro a la altura de la cara, como si quisierais que nadie os viese mascando chicle. Lógicamente,el libro no debería taparos los ojos, porque si no estamos en las mismas. Mejor dejar la parte de arriba del libro cerca de la punta de la nariz, y no moverla mucho (el borde del libro; con la nariz podéis haceros un nudo si queréis). Esto os permitirá leer el libro cómodamente, permitiendo que vuestro cerebro os avise en cuanto vea aparecer un obstáculo en la zona superior del campo de visión.
  • Si ya os sabéis el camino, aprovechad los semáforos en rojo para leer con el cuello doblado, que si no se puede acabar cansando de estar todo el rato quieto. Para los vagos, recomiendo apoyarse en el propio semáforo, pero únicamente con el hombro a una altura prudencial y con las piernas cruzadas sin tocar el poste (esto impide que los posibles fluidos de la mascota del vecino hagan que vuestras perneras acaben descoloridas).
  • Además de por el abrigo, leer en los meses fríos tiene la ventaja de que la luz no daña demasiado la vista. Si leéis en ciudad, intentad ir por la acera en la que haya más sombra en ese momento, y leed únicamente por las zonas de sombra. De este modo vuestros ojos no sufrirán cuando paséis de una calle con una agradable penumbra a otra completamente iluminada (además, a esto se le añade un inconveniente del papel: es blanco, y el color blanco refleja. No llega a ese extremo, pero hay gente que se ha quedado ciega por esquiar sin gafas a causa del brillo de la nieve). Aunque personalmente no me gusta mucho la luz del sol, no estoy siendo prejuicioso: realmente hace pupa que tu agradable página mate se convierta en un flash de cámara de unos cuantos lúmenes de intensidad.
  • Finalmente, os recomiendo mirar a vuestro alrededor en busca de móviles (o no, véase la anécdota del semáforo) con los que podríais chocar: cada página o media ídem alzad la cabeza y escanead, que más vale prevenir que curar.

Y ahora que os he aleccionado convenientemente, esperad a que descienda el Sol y quemad unas cuantas neuronas y calorías con vuestra nueva habilidad adquirida (no hablemos ya de la imagen de persona interesante que infundiréis en el barrio), que el verano está próximo y no viene mal perder un poco de masa. Cerebral.